«.., que a Pilar Callado no le conmueve la Semana Santa de Almansa lo sabemos desde hace bastante tiempo. Lo que ya resulta difícil de admitir es que esa indiferencia personal la haya conducido hasta el terreno de la política municipal. Que sus propios prejuicios ideológicos —y los de sus socios de IU, desvinculados estatutariamente de todo lo que huela a cera, incienso o religión— y que la sostienen en el poder, se traduzcan en un abandono deliberado y palmario de las dos hermandades de esta ciudad, es algo que los almanseños no deberían seguir aceptando en silencio. Pero ya se sabe…, Almansa es territorio comanche…»
Luis BONETE Periodista. Copyright-2026
Que a Pilar Callado no le conmueve la Semana Santa de Almansa lo sabemos desde hace bastante tiempo. Lo que ya resulta difícil de admitir es que esa indiferencia personal la haya conducido hasta el terreno de la política municipal. Que sus propios prejuicios ideológicos —y los de sus socios de IU, desvinculados estatutariamente de todo lo que huela a cera, incienso o religión— y que la sostienen en el poder, se traduzcan en un abandono deliberado y palmario de las dos hermandades de esta ciudad, es algo que los almanseños no deberían seguir aceptando en silencio. Pero ya se sabe…, Almansa es territorio comanche.
Dos hermandades: Medinaceli y Jesús de la Paz. Las dos que Almansa tiene. Las que cada año sacan a la calle a sus cofrades, voluntarios, músicos y familias que, sin ser sevillanas o murcianas, por citar algunas, sí llevan generaciones vinculadas espiritualmente a esta tradición. Son estos vecinos, los que mantienen vivo (de forma humilde) un patrimonio cultural, artístico y sentimental que pertenece a todos los almanseños —creyentes o no—, y que con cada paso que procesiona por nuestras calles habla de quiénes somos y de dónde venimos. Y esas dos hermandades sobreviven, año tras año, gracias al esfuerzo sobrehumano de sus hermanos y hermanas, no gracias a su alcaldesa que, sostenida por sus socios comunistas de IU, lleva tres años dejando morir de inanición económica a las dos hermandades de la ciudad mientras ella brilla por su ausencia en las calles.
He dicho un poco más arriba que Almansa es “territorio comanche”, y lo mantengo. Las subvenciones municipales que reciben Medinaceli y Jesús de la Paz son ridículas, una auténtica vergüenza. Una cifra irrisoria, testimonial, que parece calculada para que nadie pueda acusar al equipo de Gobierno social-comunista de ignorarlas del todo, pero que en la práctica no sirven para nada. Con el estipendio que mana del presupuesto municipal no se pagan carpinteros, no se pagan electricistas, flores, no se restauran los pasos, no se cubre la banda de música, no se mantienen las indumentarias religiosas de los titulares, joyas artesanales de incalculable valor. Mientras tanto, este equipo de Gobierno —PSOE e IU— encuentra presupuesto para otras iniciativas. Siempre lo encuentra. Solo cuando se trata de las hermandades, de repente, las arcas están vacías.
No hay que solicitar a Pilar Callado que rece. Para nada. Se le recuerda, eso sí, que gobierne para todos. Y gobernar para todos, pasa obligatoriamente por respetar lo que miles de almanseños consideran sagrado, la tradición religiosa recibida de sus mayores y que ella, ensoberbecida y siempre muy bien acicalada, parece ignorar.
Estoy completamente seguro que Pilar Callado leerá estas líneas, y por esa razón quiero hoy, desde la templanza y la frialdad que otorga el paso del tiempo desde la finalización de los días pasionales, recordarle que hay algo que duele más que su cicatería a la hora de la distribución del dinero público. Hay algo que resulta más hiriente que cualquier partida presupuestaria rácana. Y es la ausencia. La ausencia física, deliberada y sistemática de la alcaldesa de Almansa en las procesiones de su ciudad. Porque mientras Pilar Callado guarda una distancia estudiada de los pasos y los nazarenos, varios concejales del Partido Popular —que forman parte del mismo consistorio que ella preside— sí están en la calle. Sí acompañan a las hermandades. Sí entienden que un cargo público tiene la obligación, cuando menos, de respetar con su presencia lo que sus vecinos sienten con el alma.
¿Qué excusa sirve ya? ¿La agenda? Una alcaldesa que tiene tiempo para todo tiene tiempo para caminar unos metros junto a su ciudad. ¿Las convicciones personales? Nadie le pide que comulgue. Nadie le pide que se arrodille. Le pedimos que aparezca. Que esté. Que demuestre, aunque sea un mínimo de respeto institucional hacia una tradición que en Almansa no es un asunto menor: es parte de la médula de esta comunidad. Pero Pilar Callado no aparece. Y su ausencia en los actos de Semana Santa, año tras año, ya no es un descuido: es un mensaje.
En este sentido es incuestionable la hipocresía en la que incurre la regidora almanseña los días cinco y seis de mayo cuando ufana, ataviada de teja con mantilla y con un ramo de flores, un día, y medalla dorada al pecho, cara circunspecta, traje de luto y medalla al pecho, otro, pasea las calles del pueblo rindiendo pleitesía a la reina de Almansa; esos días sí, ¿eh Pilar? esas procesiones con eminente carga religiosa sí se las echas al coleto y traga. Todos sabemos la finalidad de semejante gesto.
Un mensaje, el de sus ausencias semana santeras que sus socios comunistas de IU sin duda aplauden desde la comodidad de su anticlericalismo de pandereta, ese que confunde laicidad con hostilidad hacia todo lo que huela a tradición religiosa popular. Porque la laicidad real no desprecia las manifestaciones culturales y religiosas de la mayoría de sus ciudadanos: simplemente no las impone. Lo que hace este gobierno social-comunista en Almansa no es laicidad: es sectarismo presupuestario.
Las hermandades de Almansa no piden privilegios. No piden que el Ayuntamiento financie su fe. Piden lo que cualquier entidad cultural, social o deportiva de esta ciudad recibe sin mayor discusión: un apoyo razonable a una actividad que moviliza recursos, genera economía local, preserva el patrimonio y llena las calles de vida. Piden, simplemente, que se les trate con la misma dignidad que a los demás.
Y piden que su alcaldesa, al menos una vez, sea capaz de salir a la calle y mirar a los ojos a quienes, con sus impuestos, le pagan el sueldo.
Pilar Callado da la impresión de situarse por encima del bien y del mal y olvida, como numerosos políticos de derechas e izquierdas, que Almansa tiene memoria larga. Los almanseños saben muy bien quién estuvo con ellos cuando las velas titilaban e iluminaban las calles, y quién prefirió quedarse en casa. Y cuando llegue el momento de rendir cuentas en las urnas, ese recuerdo no se borrará con ningún discurso.
Llegados a este punto cabe preguntarse: ¿qué mensaje lanza quien preside el Ayuntamiento cuando evita sistemáticamente estos actos? No se trata de exigir que nadie finja una devoción que no siente. Nadie pide eso. Se trata de algo mucho más básico: el respeto institucional. La misma alcaldesa que acude a inauguraciones de cualquier tipo, que preside actos deportivos, culturales o festivos de toda índole, parece encontrar siempre un impedimento cuando llega la Semana Santa.
La religiosidad popular no es propiedad de ningún partido. Las procesiones no votan. Los nazarenos no llevan carné político. Unas hermandades que convocan en las calles a pocas o muchas personas, merecen algo más que la indiferencia de quien gobierna desde Casa Grande.
En tiempos en que la brecha entre la política y la ciudadanía se agranda por momentos, los gestos pequeños importan. Caminar junto a los tuyos, aunque no comulgues con todo lo que representan, es un gesto de respeto. Y el respeto, señora alcaldesa, no entiende de ideologías: es simplemente lo mínimo que se le debe a una comunidad que le confió su voto.
Medinaceli y Jesús de la Paz seguirán procesionando. Con o sin subvención suficiente. Con o sin la presencia de quien debería encabezar el orgullo local. Pero los vecinos tienen memoria. Y en cada paso que avanzan sin el amparo de quien debe de otorgarlo por carta de naturaleza, la distancia entre la alcaldesa y su ciudad se hace un poco más grande.
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