20 DE MAYO. EL DÍA EN QUE EL DESIERTO DIJO BASTA

MANIFIESTO DE LA ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL PUEBLO SAHARAUI DE ALMANSA

Ciudadanas y ciudadanos, amigas y amigos del pueblo saharaui:

Nos reunimos hoy para recordar. Y recordar, cuando se trata de un pueblo que lleva más de medio siglo resistiendo el olvido, es ya en sí mismo un acto de justicia.

Un 20 de mayo de 1973, apenas diez días después de que el Frente Polisario anunciara al mundo su nacimiento como movimiento de liberación nacional, un pequeño grupo de combatientes saharauis atacó el puesto militar español de El Janga, en la Saguia el-Hamra. Aquella acción no fue solo el primer disparo de una guerra; fue el primer grito organizado de un pueblo que se negaba a desaparecer.

«El pueblo saharaui demostró que existía como tal, y que estaba dispuesto a alcanzar su independencia por encima de la voluntad e intereses de las potencias extranjeras.»

Antes de aquel 20 de mayo, el Sáhara Occidental llevaba casi un siglo bajo el dominio colonial español. Antes de él, sus habitantes ya habían resistido intentos de ocupación portugueses, ingleses, franceses y marroquíes. Antes de él, estaba el grito de Zemla de 1970, cuando la represión española ahogó en sangre una manifestación pacífica de saharauis que pedían simplemente el derecho a decidir su destino. La historia de ese pueblo es la historia de una dignidad que ningún ejército ha podido doblegar.

Tras la acción de El Janga se desencadenaron dieciocho años de guerra. Primero contra el colonialismo español, que abandonó el territorio en 1975 sin cumplir su obligación descolonizadora, entregando las llaves a Marruecos y Mauritania mediante los vergonzosos Acuerdos de Madrid. Después, contra la invasión militar de ambos países. Una invasión que vino acompañada de napalm y fósforo blanco arrojado sobre la población civil, de éxodos masivos bajo el sol del desierto, de masacres que el mundo miró con indiferencia cómplice.

Más de doscientas cincuenta mil personas se vieron forzadas al exilio. Se instalaron en los campamentos de Tinduf, en el desierto argelino, donde construyeron —con una tenacidad que asombra al mundo— hospitales, escuelas, instituciones y dignidad. Proclamaron la República Árabe Saharaui Democrática. La Unión Africana la reconoció como Estado miembro. La ONU reconoció al Frente Polisario como el único y legítimo representante del pueblo saharaui.

En 1991 llegó el alto el fuego. Con él vino una promesa: la celebración de un referéndum de autodeterminación. Treinta y cinco años después, esa promesa sigue sin cumplirse.

Marruecos ha bloqueado sistemáticamente la consulta. La comunidad internacional ha mirado hacia otro lado, entretenida en cálculos geopolíticos y acuerdos comerciales. España, potencia administradora según el derecho internacional, ha renunciado a ejercer su responsabilidad histórica. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas renueva mandatos y extiende plazos, pero no avanza hacia la justicia.

En noviembre de 2020, el Frente Polisario retomó la lucha armada tras la ruptura del alto el fuego provocado por Marruecos. La guerra que el mundo quería dar por olvidada ha vuelto a encenderse. Y mientras tanto, en los territorios ocupados, la represión contra activistas, periodistas y civiles saharauis continúa sin que ningún mecanismo internacional supervise los derechos humanos sobre el terreno. La MINURSO es la única misión de paz de Naciones Unidas que carece de mandato para vigilar los derechos humanos en la zona bajo su supervisión. Una anomalía que habla más que mil discursos sobre la hipocresía del orden internacional.

Hoy, 20 de mayo de 2026, conmemoramos cincuenta y tres años de aquella primera acción en El Janga. Cincuenta y tres años de resistencia. Cincuenta y tres años de espera de una justicia que se demora, pero que el pueblo saharaui no ha dejado de reclamar.

Recordamos a quienes murieron bajo las bombas del éxodo. A quienes perecieron de sed y de hambre en el desierto. A quienes fueron torturados y desaparecidos por el solo delito de ser saharauis y decirlo en voz alta. Recordamos a Luali Mustafá Sayed, el primer secretario general del Frente Polisario, símbolo de una generación que eligió la dignidad sobre la rendición. Y recordamos también a quienes hoy siguen en los campamentos, o resistiendo bajo la ocupación, o luchando desde la diáspora con la misma convicción que aquellos primeros combatientes de El Janga.

Este pequeño gran pueblo nos ha enseñado que, aunque el enemigo sea muy poderoso, y no se puedan ganar todas las batallas, nunca hay que darse por vencido.

Por eso estamos aquí. Para decir que no olvidamos. Para decir que la causa saharaui no es un asunto lejano ni una nota a pie de página de la historia: es una de las últimas causas de descolonización pendientes en el mundo, y su resolución es una deuda de la humanidad entera.

Para decir que exigimos el cumplimiento de la legalidad internacional: la celebración de un referéndum libre, justo y supervisado por Naciones Unidas, en el que el pueblo saharaui pueda decidir libremente su futuro.

Para decir que la solidaridad no es caridad: es la única respuesta coherente de quien cree en la justicia.

Que el grito de El Janga, cincuenta y tres años después, siga resonando. Que este acto sea una pequeña contribución a que no sea en vano.

El Sáhara Occidental no está en venta. El pueblo saharaui existe. Y su lucha es justa.

POR LA DIGNIDAD Y EL REFERENDUM DE AUTODETERMINACIÓN

SAHARA LIBRE !!!!!

Enlace permanente a este artículo: https://www.almansadigital.org/?p=9943

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Highslide for Wordpress Plugin