CANGREJO DE RÍO, CHAVEA ACCIONISTA DE CACHUCHAS Y CANOTIER

«…,la Cultura de un pueblo no es un adorno. Es su memoria, su identidad, su proyección hacia el futuro. Por eso resulta especialmente preocupante que al frente de la concejalía de Cultura de Almansa se encuentre nuestro apreciado bienquisto Borja López, una persona de extracto social gremial que, a todas luces, y que quien lo conoce ratifica, no reúne ni en sueños la formación académica, ni la actitud, ni la capacidad de gestión que tan importante área municipal exige…»

Luis BONETE. Periodista Copyright-2026

La Cultura de un pueblo no es un adorno. Es su memoria, su identidad, su proyección hacia el futuro. Por eso resulta especialmente preocupante que al frente de la concejalía de Cultura de Almansa se encuentre nuestro apreciado bienquisto Borja López, una persona de extracto social gremial que, a todas luces, y que quien lo conoce ratifica, no reúne ni en sueños la formación académica, ni la actitud, ni la capacidad de gestión que tan importante área municipal exige.

Y lo más llamativo es cómo una persona de espectro conflictivo ha llegado a donde está a día de hoy. Veamos, cuando la alcaldesa presidenta del consistorio de sesgo social comunista Pilar Callado, “diez más uno”, configuró su equipo de Gobierno, su manifiesta intención inicial era designar a Borja López responsable del área de Fiestas. Ante semejante dislate, la respuesta del sector festero almanseño fue tan contundente y tan unánime en su rechazo, que la alcaldesa Callado se vio obligada a dar urgente marcha atrás. La solución que encontró fue reubicar a López en Cultura. Como si la Cultura fuera el cajón de sastre donde colocar lo que no encaja en ningún otro sitio. Como si los almanseños que viven, crean y trabajan por la Cultura de su ciudad merecieran menos consideración que cualquier otro colectivo.

Pero hay algo aún más revelador en esa decisión. Según apuntan fuentes fronterizas al equipo de Gobierno (más cerca de Callado de lo que ella se imagina) la “Zaresa” era perfectamente consciente de las limitaciones de su concejal. Sabía que al frente del departamento de Cultura por lo general y Almansa no es una excepción, trabaja un funcionario Grupo A experto y conocedor del área, y de esa forma descargó su conciencia y confió en que ese profesional actuaría como red de seguridad, amortiguando los posibles dislates y compensando la más que previsible mala gestión del imberbe e inexperto político al que acababa de nombrar. Dicho de otro modo: la alcaldesa no colocó a nuestro “Cangrejo de Río” como concejal en Cultura porque fuera el más adecuado, ¡que va! sino porque calculó una tarde soleada estando a la sombra de los pinos, que el daño sería más contenido. Que la Cultura de Almansa pudiera permitirse un concejal florero mientras un funcionario hacía el trabajo de verdad. Pocas decisiones reflejan con tanta claridad el escaso respeto que, en ocasiones, la clase política tiene por lo público. Un mal comienzo que, con el tiempo, ha resultado ser un mal presagio.

Hablamos, pues, de un concejal que como su homólogo animal no es muy exigente en cuanto a las condiciones que necesita para vivir. Vive en todas las aguas de los ríos españoles que cuenten con un caudal suficiente. Aunque no es muy riguroso, sí prefiere que las aguas municipales sean ricas en sales de calcio para poder fortalecer su exoesqueleto de marca “aquí mando yo, y no me puentea ni Dios”. Su trayectoria al frente de la Cultura municipal y Juventud, a falta de un año para las próximas elecciones, se caracteriza, ante todo, por la inacción. Las iniciativas de nuestro “cangrejo” brillan por su ausencia, los proyectos uno tras otro, se quedan en el cajón y la vida cultural de nuestra ciudad avanza —cuando avanza— a pesar de él, no gracias a él. La prueba más evidente la encontramos en su tensa y prolongada mala relación con Almansa Histórica 1707, una de las asociaciones más serias y comprometidas con la recuperación y difusión del patrimonio histórico local. Lejos de apoyar su labor, el concejal ha protagonizado reiterados y brutales  desencuentros con esta entidad, enfrentándose sin pudor con sus directivos y bloqueando sinergias que habrían beneficiado directamente a la ciudad, a la Recreación Internacional de la Batalla y a su proyección cultural y turística.

Pero los roces de nuestro enervado crustáceo con Almansa Histórica 1707 no son un caso aislado. Son el síntoma de una forma de entender —o más bien de malentender— la gestión cultural. El tejido asociativo almanseño, motor real de nuestra vida cultural, conoce de sobra el talante autoritario y el escaso y a veces nulo diálogo de este ex representante sindical metido a concejal. Quienes se han acercado con propuestas, con ilusión o con legítimas críticas han encontrado, demasiadas veces, una puerta cerrada, un gesto despectivo o una respuesta fuera de lugar. Olvida bien subidito de orgullo Borja López, que el cargo público que ostenta del que posiblemente a corto plazo sea desalojado, no es la butaca de su casa, y que la concejalía de Cultura tampoco es el rancho o la alquería de nadie.

Y si hay un episodio que resume a la perfección la falta de criterio y de sensibilidad de este chavea accionista de cachuchas y canotier, ese es sin duda el bochornoso momento en que criticó públicamente que la Agrupación de Comparsas de Moros y Cristianos (a la que él mismo pertenece al estar encuadrado en Almanzárabes) hubiera elaborado y sufragado un manto de camino para la Patrona de Almansa. Una iniciativa hermosa donde las haya, cargada de devoción y de trabajo colectivo, y que recibió como respuesta del cangrejo invasor, la censura de quien debería haber sido el primero en aplaudirla. Que el máximo responsable de la cultura municipal critique un gesto de fe, de tradición y de generosidad de su propia comparsa dice mucho —todo lo malo— sobre su capacidad para comprender lo que la Cultura y las tradiciones significan para los almanseños.

A esto se suma un problema de fondo que no puede seguir ignorándose: la absoluta ausencia de formación específica y académica en el área que gestiona. La Cultura requiere, como mínimo, conocimiento, sensibilidad y criterio. Requiere entender el patrimonio, las artes, la educación, la dinamización social, también ser empático (algo que Borja desconoce). No basta con ocupar una mecedora; hay que saber para qué sirve y cómo llenarla de contenido.

Almansa merece una concejalía de Cultura a la altura de su historia y de su gente. Merece gestores comprometidos, formados y, sobre todo, al servicio de los ciudadanos y de sus asociaciones. Mientras eso no ocurra, seguiremos señalando a Borja López como Cangrejo de Río “invasor”. Porque callar nunca fue una opción para quien esto escribe, y porque si lo hiciese también sería una forma de consentir.

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