LA SOLIDARIDAD SELECTIVA: EL SILENCIO DE LOS ACTIVISTAS PRO-PALESTINA ANTE EL SÁHARA OCCIDENTAL

«…, hay una pregunta que nadie quiere formular porque deja demasiadas vergüenzas al aire: ¿Por qué los activistas y políticos más ruidosos en defensa de Palestina jamás organizan una flotilla de ayuda para el pueblo saharaui? Y la respuesta, por dura que sea, es evidente: porque Marruecos manda más en España que muchos ministros…»

Luis BONETE Periodista. Copyright-2026

Hay una pregunta que nadie quiere formular porque deja demasiadas vergüenzas al aire: ¿Por qué los activistas y políticos más ruidosos en defensa de Palestina jamás organizan una flotilla de ayuda para el pueblo saharaui? Y la respuesta, por dura que sea, es evidente: porque Marruecos manda más en España que muchos ministros.

Hay silencios que delatan más que mil discursos. Y uno de los más escandalosos es el de tantos activistas y políticos que se deshacen en gestos heroicos por Palestina, pero no mueven un solo dedo por el pueblo saharaui, que lleva medio siglo sobreviviendo en los campos de la hammada de Tinduf. Sí, medio siglo. Cincuenta años de exilio, de refugiados eternos, de vidas suspendidas. Pero para algunos, este pueblo es transparente, parece que no existe.

Lo diré sin rodeos: ¿Dónde están las flotillas rumbo a El Aaiún? ¿Dónde están los barcos cargados de medicinas, alimentos, material sanitario? ¿Dónde están los vídeos épicos, los manifiestos inflamados, los diputados embarcándose para “romper el bloqueo”? Porque para Gaza sí hay dinero a espuertas, barcos, cámaras, pancartas, hashtags y hasta alfombra roja mediática. Para el Sáhara, nada.

Y no será por falta de capacidad. Los mismos grupos y lobbies que organizan flotillas multitudinarias hacia Gaza —con decenas de barcos, cientos de activistas y apoyo institucional— podrían hacer exactamente lo mismo por los saharauis. Pero no lo hacen. Ni lo intentan. Ni lo mencionan. ¿Por qué? La respuesta es incómoda, pero evidente: porque el opresor no es Israel, sino Marruecos.

Sí, así de claro. Porque si mañana un grupo de activistas anunciara una flotilla rumbo a El Aaiún cargada de ayuda humanitaria para los campos de refugiados saharauis, el Gobierno español entraría en pánico salpicado por el miedo. Miedo a que Rabat abra el grifo de la inmigración irregular. Miedo a que deje pasar toneladas de hachís por la frontera. Miedo a que vuelva a presionar a Ceuta y Melilla como ya ha hecho otras veces. Miedo, al bloqueo fronterizo, en definitiva, a que Marruecos recuerde, una vez más, quién es el que manda en esta relación. Así que los perroflautas disfrazados de activismo político optan por la salida más cagona: mirar hacia otro lado.

Y mientras tanto, reitero, los saharauis llevan más de 50 años en los campos de Tinduf. Cincuenta años de extrañamiento, de refugiados eternos, de vidas congeladas. Pero a los activistas que se rasgan las vestiduras por Gaza, los hermanos saharauis les importan un ardite. No hay pancartas. No hay flotillas. No hay diputados embarcándose para “romper el bloqueo”. No hay trending topics. No hay nada de nada, solo una pléyade de sepulcros blanqueados y vergüenza.

Porque claro, para gente como Ana Alcalde (Barbie Gaza), Ada Colau, Nkosi Zwelivelile Mandela, Greta Thunberg o Liam Cunningham, entre otros, que parlotean de derechos humanos, (solo de algunos) que hablan de ocupación, pero solo de una, que disertan de pueblos oprimidos…, solamente lo hacen de los que encajan en su relato ideológico. Para el pueblo saharaui…, silencio vergonzoso y administrativo.

Para esta gente bien alpargatá, formar parte de una flotilla hacia Gaza es épico, memorable, heroico y fotogénico. Organizarla hacia El Aaiún, en cambio, es meterse con Marruecos, y eso ya no gusta tanto. Eso no da likes. Eso no da subvenciones. Eso no da titulares amables. Eso da, sencillamente, problemas, muchos problemas.

Sin olvidar que el Gobierno español, sometido a Rabat desde hace una pila de años, tampoco lo permitiría. No vaya a ser que S.M. Mohamed VI decida “relajar” el control fronterizo y en 48 horas tengamos, de nuevo, miles de personas entrando por Ceuta y Melilla. O que aumente la permisividad con el tráfico de droga que entra por nuestras costas. O que vuelva a utilizar a menores como arma política, como ya ha sucedido no hace tanto tiempo.

Así que la solidaridad de los “flotilleros” y quienes les financian sus vacaciones en el Mediterráneo, se vuelve selectiva. Valiente con unos, cobarde con otros. Universal en los discursos, pero muy calculada en la práctica.

Por eso la pregunta sigue en pie, más incómoda que nunca: ¿Dónde está la flotilla para el Sáhara Occidental? ¿Dónde están los activistas que se juegan el tipo en el Mediterráneo? ¿Dónde están los políticos que presumen de defender causas justas? ¿O es que la justicia depende del país al que incomode?

El pueblo saharaui no merece ser el daño colateral de la diplomacia española. No merece ser silenciado por miedo a Marruecos. No merece ser ignorado por quienes dicen luchar contra la opresión.

Y si algún día alguien se atreve a organizar esa flotilla, veremos hasta qué punto llega la “amistad estratégica” entre Madrid y Rabat. Y veremos también cuántos activistas están dispuestos a defender los derechos humanos cuando el opresor no es el que ellos esperan.

NOTA: “El burro puede fingirse caballo, pero tarde o temprano rebuzna. Al final cada quien demuestra quien es, las apariencias no son sostenibles

 

 

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