«…, me comentan mis antagonistas que le tengo ojeriza al edil Borja López, conocido en la localidad por “Cangrejo de Río” (¿quién le pondría ese remoquete tan cachondo?) Que ya está bien de meterme con él. Me dicen que no le conozco, que es muy buena persona, trabajador, inteligente, dialogante…, y que las críticas a su labor política son infundadas e injustas. Unas palabras que, de ser ciertas, me llevarían directamente a una reflexión que podría desembocar en reconocer que llevan fundamento y que actúo de oídas. Pero la realidad…»
Luis BONETE Periodista. Copyright-2026
Me comentan mis antagonistas que le tengo ojeriza al edil Borja López, conocido en la localidad por “Cangrejo de Río” (¿quién le pondría ese remoquete tan cachondo?) Que ya está bien de meterme con él. Me dicen que no le conozco, que es muy buena persona, trabajador, inteligente, dialogante…, y que las críticas a su labor política son infundadas e injustas. Unas palabras que, de ser ciertas, me llevarían directamente a una reflexión que podría desembocar en reconocer que llevan fundamento y que actúo de oídas. Pero la realidad municipal desarma a mis citados opositores, debido a que míster “Crayfish”, lleva tres años sacando patas de jardines y metiéndolas inmediatamente en otros, y como quiera que el área de Cultura es territorio delicado donde se debe de actuar de forma fina-filipina además de responsable , quien suscribe se siente con jurisdicción plena para hacer público el nefasto trabajo que lleva a cabo este advenedizo concejal, ejemplo palmario de don Nadie, componente del equipo de Gobierno que preside Pilar Callado, y que demuestra a diario estar más perdido que un gato en la fábrica de sifones de Cifuentes o Capitol, elija el lector.
La Universidad Popular de Almansa, joya de la corona de Cultura, se situó el pasado fin de semana en el centro del debate. Y no precisamente por su labor formativa —que reconozco valiosa, admirable, necesaria y parte esencial del ADN cultural de la ciudad— sino por una decisión que choca frontalmente con el espíritu que debería guiar a cualquier institución pública: a nuestro incansable manoseador de la cultura local, Borja López (jocosamente conocido por “Cangrejo de Río) no le tembló el pulso en poner a la venta entradas para asistir al Festival de Danza 2026 en el teatro Regio, un espacio que es cien por cien de titularidad pública.
Llegados hasta aquí, conviene recordar qué es, o qué debería ser, una Universidad Popular. Nacieron en España como instrumentos de democratización cultural, espacios donde cualquier persona, sin importar su nivel económico, pudiera acceder a formación artística, social y humanística. Son, en esencia, una apuesta por la igualdad de oportunidades, por la cultura como derecho y no como privilegio. Y Almansa presume —con mucha razón— de tener una de las más activas de Castilla‑La Mancha.
Por eso sorprende, y duele, ver cómo esa misma institución que se financia con dinero público, que se sostiene gracias al compromiso de cientos de familias y que se integra dentro del área de Cultura del Ayuntamiento, nuestro querido “monsieur Écrevisse” decide de su cuenta y orden convertir en producto de pago un espectáculo que nace del trabajo de su propio alumnado. Unos discípulos que abonan matrículas, tasas, que ya sostienen económicamente la actividad, y que contribuyen con sus impuestos al mantenimiento del teatro Regio.
La contradicción es evidente: Lo que debería ser un ejemplo de acceso universal Borja López, lo convierte en un filtro económico. Lo que debería reforzar el carácter público de la cultura termina diluyéndolo en una lógica mercantil que no le corresponde. Fatal.
Porque no nos despistemos, aquí no hablamos de una academia, tampoco de una compañía o empresa privada alquilando un teatro municipal, no. Hablamos de la Universidad Popular, una institución pública que sin pudor alguno y bajo las directrices políticas de Borja López, cobra a las familias por ver a sus propios hijos en un escenario público y se convierte en un generador de ingresos municipales…, otro más. Hablamos de un modelo pervertido en su esencia que, lejos de fortalecer la cultura, la convierte en un peaje.
“Herr Flusskrebs”, en su galopante ceguera no recuerda que la Universidad Popular tiene una responsabilidad histórica: ser garante de la cultura como bien común. Y cuando una institución pública olvida su misión, la ciudadanía tiene no solo el derecho, sino la obligación de señalarlo. Aunque no guste. Y a pesar de parecer redundante (a lo mejor lo soy) la incoherencia del edil López es tan evidente que resulta difícil no interpretarla como un síntoma: un síntoma de que la cultura municipal se está gestionando con una lógica más cercana a la recaudación que al servicio público. Un síntoma de que la Universidad Popular en Almansa y bajo su gestión, ha olvidado que su misión no es llenar una taquilla, sino llenar de cultura la vida de la gente. Un síntoma de que el equipo social-comunista que gobierna Almansa ha decidido que la cultura es rentable… siempre, claro está, que paguen los mismos de siempre.
La Universidad Popular debería ser el último espacio donde se cobre por participar, por aprender o por celebrar el trabajo colectivo. Y, sin embargo, aquí estamos: pagando por entrar a un teatro público para ver un espectáculo público creado por una institución pública. Una triple paradoja que solo se sostiene si se renuncia a la idea de cultura como derecho. Pero Borja López, “herre flodkrebs” convierte la cultura pública en un cajero automático y se queda tan tranquilo. Cobrar entrada por ver a tus propios hijos en un teatro público es, sencillamente, una perversión del concepto de servicio público.
Quizá sea el momento de abrir un debate serio en Almansa: ¿Queremos una cultura pública que se viva como un derecho o una cultura pública que se gestione como un negocio? Porque las decisiones que se toman hoy marcarán el modelo cultural de mañana.
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