«…, no se habla de otra cosa. Ceuta lleva días respirando miedo. Miedo en las calles vacías, miedo en los comercios cerrados, miedo de los gritos que se escuchan en la noche, miedo del alboroto callejero, miedo en los hospitales que atienden heridos, miedo en las patrullas vecinales que se arman con bates porque el Estado no llega. Miedo por la morgue con un centenar de fallecidos. Miedo, sobre todo, a sentirse solos. Y en medio de ese miedo, el Rey Felipe VI —jefe del Estado, símbolo de unidad, capitán general de los ejércitos— no aparece. No cruza el estrecho. No ha pisado la ciudad…» «… a modo de prólogo de este escrito, vaya por delante que no soy monárquico. A pesar de ello, visto lo visto desde la instauración y sopesando la realidad y la fauna política imperante en la piel de toro, me inclino, aunque sin convicción alguna, por lo malo conocido antes que lo bueno por conocer. Todo ello señalado sea con el máximo respeto….»
Luis BONETE Periodista. Copyright-2026

A modo de prólogo de este escrito, vaya por delante que no soy monárquico. A pesar de ello, visto lo visto desde la instauración y sopesando la realidad y la fauna política imperante en la piel de toro, me inclino, aunque sin convicción alguna, por lo malo conocido antes que lo bueno por conocer. Todo ello señalado sea con el máximo respeto.
No se habla de otra cosa. Ceuta lleva días respirando miedo. Miedo en las calles vacías, miedo en los comercios cerrados, miedo de los gritos que se escuchan en la noche, miedo del alboroto callejero, miedo en los hospitales que atienden heridos, miedo en las patrullas vecinales que se arman con bates porque el Estado no llega. Miedo por la morgue con un centenar de fallecidos. Miedo, sobre todo, a sentirse solos.
Y en medio de ese miedo, el Rey Felipe VI —jefe del Estado, símbolo de unidad, capitán general de los ejércitos— no aparece. No cruza el estrecho. No ha pisado la ciudad, ni con el PP ni con el PSOE en el poder. Tampoco mira a los ojos a quienes preguntan desesperados: ¿Dónde está el Rey? Cuando una ciudad española vive una crisis que desborda lo humanitario y lo político, la figura del jefe del Estado debería ser un faro. Y, sin embargo, el faro borbónico no se ha encendido.
Zarzuela filtró que el Rey siguió los acontecimientos “con indignación” y “gran preocupación”. Lo de siempre ante cualquier problema o catástrofe. Pero la indignación sin presencia real es pura retórica. La preocupación sin gesto es solo protocolo. Y el protocolo, cuando una ciudad española vive una invasión de 60.000 personas orquestada por un régimen extranjero, se convierte en un velo demasiado fino para tapar la ausencia.
Felipe VI ha llamado por teléfono. Ha transmitido ánimo. Ha pedido unidad. Pero Ceuta no necesita llamadas: necesita Estado. Y el Estado, en su forma más simbólica, ha decidido no estar. ¿No le dejan estar? o ¿no quiere estar?
La institución que encabezada por Felipe VI y que trata por todos los medios de encarnar la continuidad histórica de España, parece hoy prisionera de su propio temor. Temor a repetir el 3-O de Cataluña. Temor a que una visita se interprete como un desafío al Gobierno. Temor a que Marruecos lea el gesto como una provocación. Temor, en definitiva, a ser algo más que un espectador.
Pero cuando el miedo guía a una institución, esa institución deja de ser guía.
La Corona se protege a sí misma, pero en ese acto deja desprotegidos a quienes más necesitan sentir que España —toda España— está con ellos. La verdad es dura: Felipe VI no viaja a Ceuta porque su presencia sería un acto político, y la Corona ya no sabe cómo actuar sin temer convertirse en política.
En este caso concreto, dejarse ver en Ceuta evidenciaría un acto de soberanía. Sería un gesto de consuelo. Sería un guiño de autoridad. Sería, en definitiva, un ademán de Estado. Y parece que, hoy, la Corona prefiere no ser Estado. Se manifiesta que lo sucedido es una “crisis migratoria”; mentira y trola de las gordas, a otro perro con ese hueso. Lo sucedido en Ceuta fue una invasión en toda regla del territorio español que pilló a los servicios secretos españoles tomando un vaso de horchata y que coincidió con la celebración de la Fiesta del Trono en Marruecos, solemnizando los 27 años en la poltrona de Mohamed VI. Con el visto bueno de Rey “comendador de los creyentes marroquíes” los servicios de inteligencia marroquíes alentaron la avalancha invasora. La policía y la gendarmería marroquí colaboraron. El Gobierno español lo sabe. Ceuta lo sabe. El Rey lo sabe. Y Pedro Sánchez nos toma por gilipollas y dice que todo sucedió auspiciado por las mafias, olvidando que los cabecillas de la mafia están en Soto del Real calentando las celdas que “otros” van a ocupar más pronto que tarde. Y, aun así, no hay un gesto. No hay presencia. No hay palabra pública, tan solo un filtrado de conducta aséptica que ya no impresiona ni convence a nadie.
Porque cualquier movimiento que hiciese Felipe VI irritaría a Rabat. Y la Corona, en este momento concreto, junto con el presidente Sánchez, parece más preocupada por no molestar a Marruecos que por acompañar a los ceutíes. Más de lo mismo.
Alguien podrá decir que la situación no es la más adecuada para una visita real, que es peligrosa. Que hay violencia. Que hay caos. Que un despliegue de seguridad sería más que complejo. Pero si el Rey no puede visitar una ciudad española en crisis, ¿qué mensaje se envía? ¿Que el jefe del Estado solo aparece cuando el país está en calma? ¿Que la Corona solo existe para los actos veraniegos en Marivent y las recepciones estivales? En este contexto, lo tengo muy claro: la seguridad del monarca no puede ser más importante que la seguridad de los ciudadanos que lo esperan.
Felipe VI no ha ido a Ceuta. Ni se le espera. No ha hablado públicamente. Lo hemos visto con cara circunspecta, si me apuran de mala leche, ceño fruncido, con el bigote blanco apuntando al suelo, pero eso tampoco convence debido a que ese visaje es ya de sobra conocido; lo usa de manera habitual. Es el procedimiento que maneja, para digerir los sapos y culebras que se come en aras de la tan manida y constitucional neutralidad. Felipe VI no ha encabezado al Estado en Ceuta. Aseguró haber seguido los sucesos “con indignación”, más no ha ofrecido el gesto que la ciudad necesitaba para no sentirse huérfana. Tampoco le han dejado. Ya se sabe que los floreros no poseen voluntad propia, sino que los manejan y usan quienes mandan en la casa que decoran.
El Gobierno Frankenstein presidido por Pedro Sánchez no quiere al Rey en Ceuta. No desea una imagen que contraste con su propia y nefasta gestión. Su peor pesadilla sería comprobar que Felipe VI se convirtiera en símbolo de protección cuando la ciudadanía siente que el ejecutivo ha llegado tarde, mal y sin convicción. La Corona, que constitucionalmente debe ser neutral, acaba siendo neutralizada.
Y esa ausencia, en un momento así, no es neutral. Es un mensaje. Un recado de distancia. Un encargo de miedo. Un anuncio de dependencia política y diplomática. Una comunicación que, sin quererlo, erosiona la autoridad simbólica de la Corona.
Porque cuando un Rey no aparece en el lugar donde su pueblo sufre, su silencio deja de ser prudencia para convertirse en sombra. Y las sombras, cuando se alargan demasiado, acaban cuestionando la luz que debería proteger a sus súbditos. No podemos olvidar que un Rey que solo aparece cuando el viento sopla a favor, deja de ser Rey para convertirse en un decorado.
«…, este mes de julio, la ley que da la nacionalidad a los saharauis fue votada en el Congreso por la mayoría, incluido el gobierno de coalición. El PSOE intentó que no aparecieran alusiones al pueblo saharaui para no enfadar a Marruecos. El Grupo Socialista, por indicación del Ministerio de Asuntos Exteriores, según informó El País, presentó dos enmiendas para suprimir las menciones que en el preámbulo de la propuesta se hacen al «pueblo saharaui» y cambiarlas por «población saharaui» o «saharauis» a secas, con el objetivo de no molestar a Marruecos. Las dos enmiendas socialistas se votaron por separado y fueron derrotadas…»
Luis BONETE Periodista. Copyright-2026
Este mes de julio, la ley que da la nacionalidad a los saharauis fue votada en el Congreso por la mayoría, incluido el gobierno de coalición. El PSOE intentó que no aparecieran alusiones al pueblo saharaui para no enfadar a Marruecos.
El Grupo Socialista, por indicación del Ministerio de Asuntos Exteriores, según informó El País, presentó dos enmiendas para suprimir las menciones que en el preámbulo de la propuesta se hacen al «pueblo saharaui» y cambiarlas por «población saharaui» o «saharauis» a secas, con el objetivo de no molestar a Marruecos. Las dos enmiendas socialistas se votaron por separado y fueron derrotadas.
Esta ley permitirá facilitar el acceso a la nacionalidad española a las personas nacidas en el Sáhara Occidental bajo administración española, extender sus efectos a sus descendientes directos en determinadas circunstancias y reducir de 10 a dos años el plazo de residencia exigido para solicitar la nacionalidad española por residencia. En definitiva, reconocería los vínculos históricos de miles de saharauis con España.
«El procedimiento de nacionalidad a los descendientes de saharauis «españoles» permita evitar la disyuntiva todo o nada individual de una parte significativa de la población refugiada en Tinduf tras los resultados o fracaso de la negociación«, señala, Agustín Santos de Sumar, partido que impulsó la iniciativa.
De tal manera que el gobierno español por un lado apoya el plan de autonomía marroquí para impulsar las negociaciones entre Marruecos y el Frente Polisario en el marco de la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pero por otro lado «quienes no quieran volver al Sáhara Occidental, la antigua colonia española, podrían venir a España”.
“Incluso en el Sáhara bajo autonomía marroquí, como ciudadanos españoles, podrían alegar protección consular para la defensa de sus derechos sin tener que pedir nacionalidad marroquí o mantener la apátrida de Naciones Unidas«, detalló Santos.
Sin embargo, no hay intención de permitir el paso de personas desde Marruecos por la frontera de Melilla porque además de que hay partidos localistas que defienden «la prosperidad compartida«, «Rabat ha desarrollado la parte colindante con la ciudad española y no le interesa ahuyentar a los inversores con más de 40.000 puestos creados«, manifiesta un miembro de la inteligencia extranjera.
En estos momentos la presión migratoria alcanza niveles críticos y la ciudad autónoma afronta uno de los momentos más complicados de los últimos años.
Este escenario con más de dos mil personas migrantes a nado a Ceuta en unas horas recuerda al escenario de mayo de 2021 cuando Marruecos rompió las relaciones diplomáticas con España por la acogida de Brahim Ghali, el secretario general del Frente Polisario, y relajó la frontera con Ceuta. Entonces entraron 12.000 personas en dos días a la ciudad autónoma, según los datos del presidente ceutí.
«…, a juzgar por la foto final con la copa en Nueva Jersey, calificar de «decepcionante» la aportación deportiva a la selección española del Mundial de 2026 por parte de Lamine Yamal, un chaval de 19 años que acaba de proclamarse campeón del mundo tras vencer a Argentina (1-0) puede sonar injusta a primera vista. Sin embargo, cuando las expectativas mediáticas y la repetición de su nombre por parte de tirios y troyanos se han realizado día sí y otro también hasta la náusea, obviando por completo a sus compañeros y situándolo en la estratosfera del Balón de Oro y hasta el tato exigía genialidad en cada balón que tocase, el análisis de su presencia en el combinado español debe ser exigente…»
Luis BONETE Periodista. Copyright-2026
A juzgar por la foto final con la copa en Nueva Jersey, calificar de «decepcionante» la aportación deportiva a la selección española del Mundial de 2026 por parte de Lamine Yamal, un chaval de 19 años que acaba de proclamarse campeón del mundo tras vencer a Argentina (1-0) puede sonar injusta a primera vista. Sin embargo, cuando las expectativas mediáticas y la repetición de su nombre por parte de tirios y troyanos se han realizado día sí y otro también hasta la náusea, obviando por completo a sus compañeros y situándolo en la estratosfera del Balón de Oro y hasta el tato exigía genialidad en cada balón que tocase, el análisis de su presencia en el combinado español debe ser exigente.
Eliminatoria tras eliminatoria, partido tras partido, el supuesto brillo de Lamine no bastó para deslumbrar. Parece más que claro que Lamine Yamal ha pagado y bien el peaje de su evidente inmadurez.
Es cierto. España ha bordado su segunda estrella en el pecho, sí, pero en el análisis individual del torneo más importante del planeta, el fútbol no vive solo de medallas. Si a Lamine Yamal se le juzga con la vara de medir de los fuera de serie —esa que él mismo eligió en la Eurocopa de 2024—, su paso por el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá deja un sabor agridulce, un futuro por escribir y un puñado de certezas incómodas.
Con un solo gol anotado en todo el campeonato (frente a Arabia Saudí en la fase de grupos) y cero asistencias directas en los cruces decisivos, los datos fríos del extremo barcelonista reflejan una situación que genera dudas en cuanto a si, no a su calidad, que la tiene, sino a lograr alcanzar el nivel planetario futbolero que se le supone. En las eliminatorias a vida o muerte —ante Portugal en octavos, Bélgica en cuartos, Francia en semifinales y Argentina en la gran final—, Lamine acusó una alarmante falta de acierto en el último tercio del campo; se le notaba agarrotado, falto de ideas, creo que la presión le venció y lo condujo a la inoperancia. Amagaba, sí…, pero no daba. Las grandes citas exigen que las estrellas (presuntas y consolidadas) determinen partidos colosales con momentos de luz propia; en este Mundial, ese rol definitivo recayó con más frecuencia en hombres como Dani Olmo o Ferran Torres.
Los seleccionadores rivales ya no le leen la cartilla: se la saben de memoria. Se vio ante la rocosa defensa de Cabo Verde, la dureza física de Uruguay y el marcaje al hombre en la final. Lamine se atascó sistemáticamente cuando le cerraron la salida hacia dentro con pierna cambiada. En su haber, señalar que lideró la estadística del torneo en regates intentados y completados, pero hay que resaltar que una cantidad considerable de esos desbordes se produjeron lejos del área de castigo, derivando en posesiones estériles o centros desviados por la maraña defensiva rival.
Llegar a un Mundial con 19 años habiendo disputado más de 60 partidos al máximo nivel en la temporada se paga. La chispa eléctrica y el cambio de ritmo devastador que han vuelto locos a muchos laterales se vieron excesivamente atenuados por la lentitud en la toma de decisiones. En varias fases del torneo se apreció a un Lamine más terrenal, obligado a jugar hacia atrás y falto de esa suficiencia física para marcar diferencias en el minuto 80.
Conclusión: Lamine Yamal se marcha de Norteamérica siendo campeón del mundo a los 19 años, un hito monumental que nadie le podrá arrebatar. Pero el fútbol de élite no perdona la complacencia: este torneo ha demostrado que el talento puro ya no basta si no va acompañado de contundencia en las grandes noches. Para pasar de ser una estrella precoz a dominar una era, Lamine deberá aprender a descifrar los partidos donde los rivales no le dejan ni respirar.
Habrá que seguir esperando.
«…, el Grupo Municipal del Partido Popular ha hecho público en rueda de prensa el «grave deterioro» que, a su juicio, está sufriendo el servicio de Policía Local como consecuencia de la gestión del equipo de gobierno social-comunista de PSOE e Izquierda Unida. Los populares aseguran que la situación quedó evidenciada tras el requerimiento emitido por la Inspección de Trabajo al Ayuntamiento para corregir diversas deficiencias en las dependencias policiales…»
Luis BONETE Copyright-2026
El Grupo Municipal del Partido Popular ha hecho público el «grave deterioro» que, a su juicio, está sufriendo el Servicio de Policía Local como consecuencia de la gestión del equipo de gobierno social-comunista de PSOE e Izquierda Unida. Los populares aseguran que la situación quedó evidenciada tras el requerimiento emitido por la Inspección de Trabajo al Ayuntamiento para corregir diversas deficiencias en las dependencias policiales.
Durante una comparecencia ante los medios de comunicación, el concejal del Partido Popular Longinos Marí advirtió de que la Inspección de Trabajo ha concedido al Ayuntamiento un plazo para subsanar distintas carencias en materia de seguridad laboral, bajo apercibimiento de sanción por infracciones calificadas como graves.
Según explicó, este requerimiento confirma las denuncias que el Partido Popular viene realizando desde hace meses sobre el estado de las instalaciones de la Policía Local. Entre las deficiencias señaladas figuran problemas en la cubierta del edificio y las carencias del vestuario femenino, que, según recoge el acta de inspección, no reúne las condiciones adecuadas para el desempeño del servicio.
Marí criticó que el equipo de Gobierno social-comunista asegurara hace tres años que el proyecto de remodelación de la Jefatura estaba resuelto y lamentó que, transcurrido ese tiempo, hubiera tenido que intervenir la Inspección de Trabajo para obligar al Ayuntamiento a actuar.
El portavoz del grupo Municipal Popular, Javier Sánchez Roselló, afirmó que esta situación es consecuencia de la «dejadez y el pasotismo» del equipo de gobierno y recordó que el Partido Popular ya había advertido reiteradamente de las deficiencias existentes tanto en las instalaciones como en la organización del servicio.
En este sentido, denunció que la falta de efectivos está afectando directamente a la prestación del servicio de seguridad ciudadana. Como ejemplo, señaló el dispositivo desplegado durante la celebración de la final del Campeonato del Mundo de fútbol, en el que, según indicó, únicamente tres agentes prestaban servicio en toda la ciudad.
El Partido Popular asegura que tanto la Jefatura de la Policía Local como las organizaciones sindicales habían solicitado un refuerzo del operativo debido a la elevada concentración de personas prevista durante la celebración. Sin embargo, sostiene que el equipo de gobierno desoyó estas advertencias.
Los populares afirman que esta falta de personal provocó que varias llamadas de vecinos no pudieran ser atendidas con la rapidez necesaria, al contar únicamente con un agente en dependencias policiales y dos patrullando las calles.
Asimismo, advirtieron de que la situación resulta especialmente preocupante durante el periodo estival, cuando aumenta la ocupación de segundas residencias y se incrementa el riesgo de robos. A su juicio, la ausencia de suficientes patrullas preventivas dificulta la labor policial y reduce la capacidad de respuesta ante posibles incidencias.
El grupo Municipal Popular considera que la seguridad ciudadana debe ser una prioridad para cualquier administración y reclama al equipo de gobierno que adopte medidas inmediatas para corregir las deficiencias detectadas por la Inspección de Trabajo, ejecutar la reforma de las instalaciones policiales, cubrir las bajas existentes y reforzar la plantilla de la Policía Local.
«Estamos hablando de uno de los servicios públicos más importantes para la ciudad. No podemos permitir que la falta de planificación y de gestión termine comprometiendo la seguridad de los vecinos de Almansa», concluyeron los representantes del Partido Popular.
Por Luis BONETE. Periodista. Copyright-2026
Crónica de un estreno irrepetible en la Plaza de Santa María
Hay noches en el teatro —y esta, aunque fuera al raso, bajo el cielo de Almansa, lo fue con mayúsculas— en las que uno tiene la certeza de estar asistiendo a algo que no volverá a repetirse jamás. Ayer fue una de ellas. José Tomás, de conocido oficio artesano cristalero fetén, y por convicción y amor, director teatral, un dandy almanseño dueño de una mirada inquieta y oficio depurado, tomó el texto que Fernando de Rojas legó a finales del siglo XV y lo lanzó, literalmente, al espacio exterior mecido por su imaginación desbordada. ¿Resultado? una de las propuestas escénicas más audaces, coherentes y emocionantes que se recuerdan en esta ciudad desde que tengo memoria.
Un decorado que ya era obra de arte antes de que se alzara el primer verso
La elección del espacio por Tomás no fue casualidad ni mucho menos comodidad: fue dramaturgia pura. Fue, o por lo menos así lo intuí, otra muesca en su revólver de fantasía. Recuerden quienes tengan retentiva o sigan su trayectoria, entre otros, el paraje de Botas, Santa Rosa, el Santuario de Belén, la nave de transportes Vícar, el claustro de Franciscanos… faltaba para un histórico repóquer, la plaza de Santa María, con la fachada de Santa María de la Asunción como telón de fondo natural, la Casa Grande con fachada manierista del Ayuntamiento sosteniendo el peso simbólico del poder y la ley, la fuente de los Patos que de la emoción, ni agua arrojaban y de colofón la torre de la Asunción, erguida como testigo centenario. Todos estos elementos conformaron un escenario que ningún teatro clásico a la italiana podría igualar. Los pedruscos históricos de Almansa —esas piedras que han visto pasar siglos de vida cotidiana— se convirtieron en la noche del domingo día 5 de julio en las tablas de un teatro cósmico cuasi universal, donde lo antiguo y lo futurista dialogaron sin una sola fisura.
El ingenio de los cómicos ambulantes como puerta a lo fantástico
Desde mi punto de vista, José Tomás resolvió con enorme inteligencia el mayor riesgo de cualquier relectura radical de un clásico: la coherencia interna. Con la experiencia que atesora, hábilmente, decidió apoyarse en una ficticia compañía de cómicos ambulantes que deciden representar La Celestina a su manera. Con esos modales, el director se concede —y nos concede a los espectadores— licencia poética absoluta para todo lo que vendrá después. ¡Atenta la compañía! no es ya Rojas quien nos habla desde el siglo XV; son unos cómicos trashumantes, herederos de esa tradición itinerante que llevó el teatro por plazas y caminos, quienes deciden reinventar la historia de Calisto y Melibea con los medios de su imaginación desbordada. Ese marco narrativo, ese recurso innato de Tomás, sencillo y brillante, permite que el espectador acepte sin resistencia el salto: de la Celestina alcahueta y hechicera se pasa a una suerte de arpía científica de laboratorio orbital, con su cubículo convertido en sede científica, sin que el argumento pierda ni un ápice de su esencia original, porque la Celestina de Tomás, fiel a la esencia de Rojas, se presenta como una pura víbora, nigromante, una pérfida mala mujer.
Vestuario y escenografía: la distopía como fidelidad, no como traición
Podría pensarse que vestir a los personajes de Rojas con trajes insospechados más cercanos a Star Wars que a cualquier otra cosa es una traición al texto. Pero, con Tomás todo puede suceder, y en su Celestina ocurre justo lo contrario (recuerden quienes vieron el auto sacramental de Calderón de la Barca “El Gran Teatro del Mundo”, en el Santuario de Belén) el vestuario, deliberadamente alejado de cualquier referencia a la España de los Reyes Católicos, funciona como un espejo deformante que, paradójicamente, agranda lo esencial de la obra: el deseo, la codicia, la manipulación, la muerte que todo lo iguala. El chamizo de la Celestina, transformada en un laboratorio de nave espacial repleto de artilugios, filtros de luz y aparatos que bien podrían destilar pócimas de otro planeta, es una de las imágenes más logradas de la noche: la hechicera medieval convertida en alquimista del cosmos, fiel a su función dramática, aunque cambien los ropajes.
Luz, música y voz en directo: una experiencia total
El diseño de iluminación mereció por sí solo el aplauso del público. Los haces (nunca antes vistos) que recortaban y dibujaron hasta la saciedad la fachada de la Asunción, los cambios cromáticos que acompañaban los virajes emocionales del relato y los contraluces que convertían a los actores en siluetas casi espectrales sobre la piedra centenaria construyeron una atmósfera envolvente, casi cinematográfica. A ello se sumó una banda sonora y una voz en directo que no acompañaban la acción: la sostenían, la elevaban, la convertían en rito colectivo. Pocas veces se ve una integración tan precisa entre sonido, luz y arquitectura.
Más de cincuenta almanseños convertidos en artistas
Y si algo debe subrayarse con nombre propio es el trabajo de la comunidad. No menos de cincuenta, o más, figurantes y actores aficionados —vecinos de Almansa que ayer se transformaron en cómicos, criados, sirvientes y personajes de otro mundo— sostuvieron con solvencia y entrega un montaje de gran exigencia técnica y escénica. Su nivel, lejos de la impostación que a veces lastra el teatro amateur, estuvo a la altura de cualquier producción profesional. Se les vio disfrutar, y ese disfrute se contagió a las gradas.
El arte del artesano fallero: la belleza de lo efímero
Pero si hay una idea que debe quedar grabada tras esta crónica amateur, es la que sostiene, en el fondo, todo el proyecto de José Tomás: esta obra no se volverá a representar. No pisará jamás las tablas de un teatro convencional, no tendrá una segunda función ni una gira. Como el artesano fallero que dedica meses de oficio, minuciosidad y pasión a levantar una gran falla o un ninot magnífico, sabiendo desde el primer trazo que las llamas lo devorarán en una sola noche, José Tomás ha construido una Celestina irrepetible, concebida para arder —metafóricamente— en el mismo instante en que cae el telón invisible sobre la plaza de Santa María.
Esa es, quizás, la mayor valentía del proyecto: renunciar a la perdurabilidad para ganar en intensidad. Las cuatro representaciones vividas por más de 1.500 espectadores, más los de los balcones adyacentes, no quedará en cartelera ni en repertorio; quedará en la memoria de quienes estuvimos allí, como queda en la memoria de un almanseño la imagen de una falla espectacular la noche antes de su quema. Y quizá sea precisamente esa fugacidad la que convierte lo vivido en algo aún más valioso.
Almansa puede sentirse orgullosa. Entre las piedras almanseñas de su historia, José Tomás demostró que el teatro más audaz no necesita escenario convencional ni permanencia: necesita valentía, comunidad y la certeza hermosa de que lo mejor, a veces, solo puede vivirse una vez.
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