«…, ayer, y hoy en los habituales “refritos” mañaneros que hacen los medios de comunicación, de nuevo (y ya hemos perdido la cuenta) el presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page ha vuelto a mirar con cara de perro y un cabreo monumental a Ferraz y, con su habitual y manido estilo de “amagar y no dar” ha cuestionado abiertamente la estrategia política del gobierno social comunista de Pedro Sánchez, especialmente por su decisión de mantener las elecciones generales tras las próximas autonómicas y municipales, argumentando que ello perjudica seriamente a los candidatos socialistas locales y regionales (a él en particular, ya que es el único barón socialista con mayoría absoluta) asegurando que “…, no puede ser que termine hundiéndose a toda la infantería […] para que exista el cuartel general”, y lamentando la falta de autocrítica y previsión del PSOE a nivel nacional…»
Luis BONETE. Periodista Copyright-2026

Ayer, y hoy en los habituales “refritos” mañaneros que hacen los medios de comunicación, de nuevo (y ya hemos perdido la cuenta) el presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page ha vuelto a mirar con cara de perro y un cabreo monumental a Ferraz y, con su habitual y manido estilo de “amagar y no dar” ha cuestionado abiertamente la estrategia política del gobierno social comunista de Pedro Sánchez, especialmente por su decisión de mantener las elecciones generales tras las próximas autonómicas y municipales, argumentando que ello perjudica seriamente a los candidatos socialistas locales y regionales (a él en particular, ya que es el único barón socialista con mayoría absoluta) asegurando que “…, no puede ser que termine hundiéndose a toda la infantería […] para que exista el cuartel general”, y lamentando la falta de autocrítica y previsión del PSOE a nivel nacional.
El último regüeldo del barón socialista castellano-manchego no se limita a una queja abstracta: pone el acento en el temor que le invade por el más que evidente impacto electoral que esta estrategia nacional puede tener sobre los dirigentes territoriales, como él mismo o alcaldes y concejales del PSOE, a las que de forma eufemística denomina, con su reconocida agilidad mental, “infantería”. García-Page incluso ha llegado al punto (lo ha hecho otras veces) de alinearse con figuras históricas del partido de los 100 años de honradez, que han alzado la voz frente a Sánchez, como Lambán (RIP), González o Guerra por citar algunos.
Este tipo de declaraciones siempre llaman la atención y por lo general, en la viña política del Señor, son inusuales debido a que, aunque dentro del PSOE son más que evidentes las diferencias internas, suele primar la disciplina y el apoyo público al liderazgo nacional, sobre todo en periodos electorales. Pero Page…, es mucho Page, un líder socialista estilo verso libre, un grano en el culo de Pedro Sánchez y adláteres, que en público es objeto de chascarrillos y comprensiones fingidas por parte de sus compañeros de partido y gobierno, pero que, en privado, y por los mismos actores, es odiado cual alimaña peligrosa. Pedro lo tiene sentenciado.
Es en este escenario de opera bufa en donde aparece el personaje político de nuestra alcaldesa, Pilar Callado. En mentideros locales más conocida como la “zaresa” (por aquello del origen comercial del espectacular vestuario que suele lucir en sus apariciones públicas y privadas) es una mujer que, echando mano de un magnífico gesto de malabarismo y fingimiento de que con ella no va nada de lo que pasa, ni se le ha pasado (ni se le pasará jamás) morder la mano de quien le da de comer con un buen sueldo mensual.
No me diga lector, que no existe un fuerte contraste entre Page y Callado. A la alcaldesa almanseña, Pilar Callado, no se le ha ocurrido ¿o es atrevido? realizar declaraciones públicas críticas hacia Pedro Sánchez en el mismo contexto que su jefe regional con el que públicamente se besa, se abraza y no le falta más que jugar con él a “mozo viejo”. Que yo conozca, no hay una sola cobertura mediática o citas públicas relevantes sobre un posicionamiento propio de Callado en ese sentido. El silencio, real o perceptivo, de nuestra querida “zaresa”, genera curiosidad porque procede de una dirigente municipal del mismo partido socialista que está siendo criticado.
Hace poco tiempo, recuerdo que una nota mediática el Partido Popular almanseño, llegó a denunciar que Callado “…, obvia los casos de corrupción en el seno del PSOE” y “…, brinda su apoyo a Pedro Sánchez en los actos orgánicos del partido”. Aunque es más que evidente que esta fuente refleja claramente un punto de vista politizado y partidista, lo es también que da señales de que, en actos internos, la alcaldesa ha figurado entre quienes apoyan o, al menos, no contradicen la posición del liderazgo nacional, mientras que en los públicos se limita a mantener la sinhueso bien controlada.
Desde mi punto de vista, que ya he dicho en multitud de ocasiones que es propio y de nadie más, estoy convencido que Pilar Callado y por añadidura la traílla socialista que la rodea silencia las razones de su ruidosa reserva crítica a Pedro Sánchez.
A partir de las dinámicas políticas habituales, se me ocurren varias hipótesis lógicas y críticas para entender este silencio:
— Disciplina de partido y lealtad institucional
Los cargos socialistas, y Pilar Callado lo es, suelen mostrar un alto nivel de lealtad pública al liderazgo nacional, incluso cuando hay discrepancias internas. La estrategia del PSOE tradicionalmente privilegia la cohesión orgánica frente a la visibilidad de discrepancias, especialmente entre cargos locales y municipales, que dependen al cien por cien del aparato del partido para recursos, sueldos, apoyo electoral o futuros posicionamientos que se subordinan al aparato del partido.
En este caso concreto, el silencio de Callado, sin duda alguna, obedece no a un convencimiento personal e íntimo, sino a un cálculo: no le favorece para nada desafiar públicamente al máximo responsable del partido nacional, para evitar fracturas orgánicas visibles y posibles represalias internas.
— Coste político local
Para una alcaldesa como Pilar Callado, posicionarse contra el presidente del Gobierno de su mismo partido puede resultar perjudicial electoralmente en el ámbito local: ya que, más que seguro, fortalecería la narrativa de la oposición del PP de que el PSOE local está dividido. Además, podría erosionar apoyos entre votantes del PSOE que todavía respaldan a Sánchez o no quieren confrontaciones internas.
— Posicionamiento estratégico: silencio como forma de apoyo
No podemos dejar de lado ni obviar que el silencio no siempre equivale a falta de opinión: en política, muy a menudo, la no crítica supone una forma de respaldo silencioso. En el caso de la “zaresa” almanseña, la ausencia de críticas la interpreto como una posición de apoyo a la dirección federal del PSOE (o, al menos, a su estrategia de partido), algo que incluso podría haber sido exigido interna o tácitamente desde la estructura del mismo partido. Los cargos de menor rango (como es el suyo) la “infantería” que dice Page, se centran en sus propios problemas locales, y entiende Callado, que criticar al líder nacional no le aporta ventajas claras y puede acarrearle sanciones internas, y ello a pesar de que privadamente, como hace poco y en una conocida cafetería, ponen a Pedro Sánchez, a caer de un burro y lo señalan como causante de todas sus posibles y futuras desgracias. En este Almansa que nuestros mayores decían se asemeja a París y Londres, las paredes oyen.
— Presión y cálculo organizativo
Sería un error dejar de lado el hecho que dentro de un partido como el PSOE, que vive en estos momentos respirando a base de graves tensiones internas, los dirigentes locales pueden preferir no hacer públicas sus diferencias para: evitar tensiones que dificulten el trabajo municipal. Mantener el respaldo del PSOE provincial/regional a los proyectos locales, o no quedar atrapados en peleas que pueden eclipsar su gestión municipal.
— Doble discurso: ¿coherencia o contradicción?
Esta coordinación desigual entre discursos (Page siendo expresivo, Callado silenciosa) puede verse desde varias perspectivas críticas:
- Perspectiva orgánica partidista
La estrategia del PSOE intenta por todos los medios centrarse en una única voz nacional fuerte, y se espera que cargos subalternos mantengan un perfil bajo cuando hay discrepancias. Esto evita multiplicar frentes y debilita a la oposición.
- Perspectiva crítica conflictiva
Por todo lo anteriormente expuesto estoy convencido de que la falta de respuesta de Callado puede interpretarse como: una falta de liderazgo propio o incapacidad de articular una posición crítica independiente. Conformismo servil con la dirección nacional del PSOE, aún frente a decisiones controvertidas que afectan también a la esfera territorial de Castilla-La Mancha, y por ende a Almansa. Cálculo político de corto plazo, a dos años de las próximas municipales, la “zaresa” ha decidido priorizar su estabilidad local sobre debates más amplios dentro del partido.
A modo de conclusión señalo y destaco que el evidente contraste entre la postura crítica del presidente de Castilla-La Mancha y el silencio de la alcaldesa de Almansa frente a Pedro Sánchez obedece a una combinación de disciplinas de partido, cálculo político local, temor a riesgos electorales y estrategias organizativas internas del PSOE. El silencio, más que ausencia de opinión, suele ser en política un burladero de posicionamiento deliberado, una forma de alinearse con el liderazgo nacional y evitar un desgaste innecesario que puede no beneficiar al propio cargo local.
Salus populi suprema lex esto. (latinajo romano)
«…, tan evidente es que todos lo hemos normalizado. No entraré en comparar si lo que ocurre en esta localidad es o no semejante a lo que sobreviene en otras, que va a ser que sí. Quiero centrarme en un enigma que diariamente, pero más que nunca los fines de semana, nos explota ante nuestros ojos ya acostumbrados a ver más de lo que necesitamos, pasar de todo y dejar las cosas por imposibles; total ¿qué más nos da a los que ya tenemos una edad?, que se las busquen y soluciones los padres en edad de criar ¿verdad?. «…, no es que estos jóvenes sean problemáticos, es que la ciudad les empuja a los márgenes al negarles lugares centrales donde estar…»
Luis BONETE. Periodista Copyright-2026
Tan evidente es que todos lo hemos normalizado. No entraré en comparar si lo que ocurre en esta localidad es o no semejante a lo que sobreviene en otras, que va a ser que sí. Quiero centrarme en un enigma que diariamente, pero más que nunca los fines de semana, nos explota ante nuestros ojos ya acostumbrados a ver más de lo que necesitamos, pasar de todo y dejar las cosas por imposibles; total ¿qué más nos da a los que ya tenemos una edad?, que se las busquen y soluciones los padres en edad de criar ¿verdad?
En Almansa, ciudad contemporánea donde las haya, actualmente gobernada y en manos de un mal llamado gobierno progresista, se ha ido haciendo hueco a través de los años un ente maléfico que podríamos definir como vacío silencioso: la desaparición de aquellos lugares donde los jóvenes de 12 a 15 años podíamos vernos, juntarnos, pasar el rato…, simplemente estar. Hablo de los recreativos con futbolines y máquinas, las salas de billar, mesas de ping-pong, los cibercafés donde compartir una partida, las boleras accesibles, los locales de música donde tomar un refresco sin necesidad de consumir alcohol. Espacios que, sin ser infantiles ni adultos, permitían ese tránsito crucial entre la niñez y la juventud. No quiero dejar pasar la oportunidad de recordar algunos locales míticos como “Luna Park”, el Capitol (conocido cariñosamente como “el Motroco”), la Bolera Neleb, el sótano recreativo del edificio del Musical, los futbolines de calle San Francisco en manos de “el Barbero”…, todos ellos desaparecidos y que han dejado huérfanos de lugares de ocio a los adolescentes almanseños.
Si nos detenemos a pensar, la franja de edad aproximada de los chicos de 12 a 15 años, en Almansa, vive atrapada en una contradicción urbana: son demasiado mayores para los parques infantiles, pero demasiado jóvenes para los espacios de ocio pensados para adolescentes más mayores o adultos. El único espacio comercial de la ciudad no es suyo, solo son tolerados como consumidores, y aún eso, solamente los días y en las franjas horarias abierto al público. Las plazas y calles se han vuelto más vigiladas por los vecinos, cada día más hostiles a la simple presencia juvenil sin un propósito aparente.
La ausencia de referencias de espacios de ocio en Almansa para adolescentes no pasa inadvertida: tiene manifiestos efectos tangibles. Un gran número de jóvenes almanseños encuentran alivio a esa situación sobrevenida refugiándose en el ocio digital de sus domicilios, perfectamente protegidos por la intimidad que les proporciona la beatitud, la comodidad mal entendida de sus padres y sus bien dotadas habitaciones, y no necesariamente por elección, sino por ausencia de alternativas. De ese modo pierden, nuestros mancebos locales, oportunidades fundamentales: aprender a negociar con iguales sin supervisión adulta directa, desarrollar autonomía en espacios públicos, establecer vínculos cara a cara, o experimentar pequeños fracasos y victorias en entornos de bajo riesgo.
Otros, la mayoría, quedan relegados a «dar vueltas» sin rumbo tras sortear la demarcación de mayores de calle Corredera, por zonas urbanas aledañas al jardín de los Reyes Católicos o San Francisco, ocupando escaleras de edificios o esquinas, generando a veces recelo vecinal precisamente porque no tienen dónde estar. La ciudad les muestra su rostro más hostil y les niega el derecho a ocupar espacio de forma legítima.
Aquellos locales de antaño, con sus defectos, cumplían funciones que ahora se echan en falta, y ello a pesar de que el cien por cien de los adolescentes que gritan alborozados, que realizan sus primeros arrumacos amorosos, que comentan que si este o que si aquella, que suben y bajan fotos de las redes sociales…, no habían nacido aún en su vigencia. Eran aquellos espacios lugares de socialización intergeneracional moderada, donde un adulto presente (generalmente el dueño del local) ofrecía cierta seguridad sin ejercer control parental. Eran asequibles económicamente. Permitían el desarrollo de habilidades sociales, la gestión autónoma del tiempo libre, el sentido de pertenencia a un grupo y a un lugar.
El que tenga entendimiento, decida si esta situación por la que atraviesan los adolescentes almanseños merece o no mayor implicación. A quien le piquen estas letras, si es que le pican a alguien, quizás debería de preguntarse: ¿qué tipo de ciudad estamos construyendo cuando no hay lugar para que un chico o chica de 13 años pase una tarde con sus amigos sin pantallas, sin consumo obligatorio, sin sentirse fuera de lugar? ¿Cómo pedimos luego que desarrollen autonomía, responsabilidad y vínculos comunitarios si les hemos despojado de los espacios donde tradicionalmente se aprendían estas cosas?
No, no se trata de nostalgia, respetado lector, sino de reconocer que esas edades necesitan territorios propios. No se ha hecho antes, cierto, esa es la realidad, pero si el gobierno ¿progresista? que ahora habita Casa Grande recuperara o reinventara esos espacios estaría invirtiendo en salud mental, cohesión social y en una adolescencia más integrada en el tejido urbano, en lugar de expulsada de él. ¿Son conscientes de ello?, o ¿están a otras cosas? Las familias almanseñas con recursos pagan gimnasios, academias, actividades extraescolares constantes que llenan el vacío. Los jóvenes de entornos más humildes, que los hay y bastantes, quedan excluidos de estas alternativas privatizadas.
La carencia en Almansa de lugares propios genera un efecto dominó que afecta múltiples dimensiones del desarrollo juvenil y la convivencia urbana: no exagero nada. Sin alternativas físicas, muchos jóvenes pasan de 6 a 10 horas diarias frente a pantallas, no como complemento a nada, sino como único espacio donde poder socializar. Esto incrementa riesgos de adicción a videojuegos, redes sociales y exposición prematura a contenidos inadecuados como la pornografía. La paradoja es cruel: están hiperconectados, pero profundamente solos, pasan el tiempo interactuando con avatares mientras pierden práctica y costumbre en leer lenguaje corporal, gestionar conflictos cara a cara o simplemente sostener una conversación presencial.
Puede parecer una memez, pero la ausencia de espacios de interacción real de ocio para adolescentes en Almansa, limita el desarrollo de competencias fundamentales: negociar turnos en un futbolín, aceptar una derrota en una partida, incluir a alguien nuevo en el grupo, resolver malentendidos sin bloquear a alguien. Estas micro experiencias cotidianas, aparentemente triviales, son el gimnasio emocional donde se forja la inteligencia social. Sin ellas, Almansa se aboca a instituir generaciones con mayor ansiedad social, dificultad para establecer límites y menor tolerancia a la frustración.
Cuando, por ejemplo, en Almansa los adolescentes no tienen dónde ir de forma segura y autónoma, los padres se saturan de ansiedad y dan rienda suelta, algunos, a la supervisión directa. Los jóvenes de 14 años que hace dos décadas se desplazaban solos por la ciudad, ahora dependen cien por cien del transporte parental para cualquier actividad. Esta infantilización prolongada retrasa la maduración, genera dependencia y priva a los adolescentes de experimentar la responsabilidad gradual que necesitan para convertirse en adultos funcionales.
La necesidad de identidad, aventura y autonomía no desaparece por falta de espacios legítimos; simplemente se canaliza hacia opciones menos saludables. Algunos grupos buscan emociones en botellones precoces, encuentros clandestinos sin protección, reyertas, vandalismo por puro aburrimiento, o experimentación prematura con sustancias tóxicas. No es que estos jóvenes sean problemáticos, es que la ciudad les empuja a los márgenes al negarles lugares centrales donde estar.
No hay más que darse un garbeo por el centro de Almansa. Cuando grupos de adolescentes ocupan portales, plazas o bancos simplemente porque no tienen otro sitio, generan tensión con vecinos que los perciben como amenaza o molestia. Esta criminalización de la simple presencia juvenil daña la cohesión comunitaria y hace que los jóvenes interioricen que «estorban«, afectando su autoestima y sentido de pertenencia a la ciudad que habitan.
Gestionar dinero de bolsillo en un recreativo, negociar con el dueño del local, resolver problemas sin intermediación adulta inmediata, aprender consecuencias naturales de decisiones propias… todo esto preparaba para la autonomía adulta. Sin estos «entrenamientos» de bajo riesgo, muchos jóvenes almanseños, llegan a la universidad o al primer empleo con habilidades vitales subdesarrolladas. Las herramientas al servicio de la administración local para hacer frente a este rompecabezas están ahí, aunque requieren voluntad política. Apunto algunas:
- Crear o rehabilitar locales municipales de ocio juvenil con horarios amplios (no solo talleres de 17 a 19h dos días a la semana)
- Espacios multifuncionales: salas con mesas de ping-pong, futbolines, consolas compartidas, zonas para música, wifi gratuito.
- Skate parks, pistas deportivas de libre acceso, pabellones abiertos fuera de horario escolar.
- Una ludoteca o centro juvenil cien por cien GRATUITO que no requiera inscripción previa ni esté sobrecargado de actividades dirigidas.
- Bonificaciones fiscales (reducción de IBI, tasas de licencias) para negocios que ofrezcan ocio asequible para esta edad.
- Subvenciones a pequeños emprendedores que quieran abrir recreativos, cibercafés moderados, salas de juegos de mesa.
- Ayudas para la reconversión de locales vacíos en espacios de ocio juvenil sostenibles.
- Diseñar plazas y parques pensando en adolescentes, no solo en niños pequeños o adultos.
- Zonas con bancos, sombra, sin prohibiciones excesivas, donde puedan reunirse sin generar conflicto.
- Consultar a los propios jóvenes sobre qué necesitan y dónde (presupuestos participativos juveniles reales).
- Permitir usos temporales de solares o bajos comerciales vacíos para proyectos de ocio juvenil.
- Horarios razonables.
- Educadores de calle que conecten con grupos informales, no solo con los que acuden a centros.
Desde mi punto de vista la inacción de la administración local ante este dilema no es casual. Responde a múltiples factores:
Invisibilidad política de este grupo: Los jóvenes de 12-15 años no votan, sus padres andan ocupados trabajando para poder pagar sus hipotecas, y no tienen lobbies que presionen. Políticamente, los adolescentes almanseños son «invisibles». Es más rentable invertir en parques infantiles (los padres votan y se movilizan) o en centros de día para mayores (colectivo muy activo electoralmente) que en adolescentes que además tienen mala imagen pública.
Prejuicio generacional: Existe una narrativa social que hoy en día culpabiliza a los jóvenes: «están todo el día con el móvil por vicio«, «no quieren salir«, «no les interesa nada«. Esta visión permite a los adultos eludir responsabilidad. Si el problema es «su actitud», la administración queda exculpada de no ofrecer alternativas.
Miedo al conflicto vecinal: Cualquier espacio juvenil donde se reúnan los adolescentes genera quejas: ruido, suciedad, «mala imagen». Los políticos locales temen las protestas vecinales más que la ausencia de servicios para quienes no protestan. Es más fácil no hacer nada que enfrentar a un grupo de vecinos quejándose en un pleno municipal.
Lógica neoliberal del ocio: La clase política almanseña, antes de derechas, ahora social-comunista, ha normalizado que el ocio sea responsabilidad individual/familiar, no colectiva. «Que se apunten a una academia«, «que sus padres les busquen actividades«. Esta privatización del tiempo libre libera a la administración de invertir en el ocio de los adolescentes, pero excluye a quienes no pueden permitirse pagar.
Falta de diagnóstico y datos: Que se conozca el Ayuntamiento de Almansa simplemente no han cuantificado el problema. No preguntan a los jóvenes, no miden el aumento de consumo digital por falta de alternativas, no relacionan el incremento de consultas de salud mental juvenil con la ausencia de espacios. Sin diagnóstico, no hay sensación de urgencia.
Fragmentación administrativa: El problema en Almansa cae entre departamentos: no hay ni pizca de claridad: ¿es competencia de Juventud? ¿de Deportes? ¿de Urbanismo? ¿de Servicios Sociales? Esta dispersión diluye responsabilidades y ningún área asume el liderazgo necesario para soluciones integrales.
Visión cortoplacista: Crear infraestructura de ocio juvenil requiere inversión inicial sin retorno electoral inmediato. Los beneficios (menos conflictividad, mejor salud mental, mayor cohesión social) se ven a medio-largo plazo, más allá del ciclo electoral de cuatro años. Políticamente, no «compensa».
El estigma de lo juvenil: Cualquier concentración de adolescentes se percibe como problema potencial. En el equipo de Gobierno hay mucho miedo a que espacios municipales se «descontrolen», a las críticas si ocurre cualquier incidente, a la responsabilidad legal. Es más seguro no ofrecer nada que arriesgarse a ser culpados si algo sale mal.
CONCLUSIÓN
La flagrante inacción municipal en el tema del ocio de los adolescentes almanseños no es gratis, ni lo será, tiene un precio que está a la vista pero que pocos ven y quien si lo percibe se hace el loco: se paga en forma de crisis de salud mental juvenil que colapsa servicios sanitarios, en forma de conflictividad urbana que requiere más Policía Local, en forma de desafección cívica de una generación que crece sintiendo que la ciudad no es para ellos.
Lo paradójico es que, si nuestra alcaldesa Pila que ahora tiene la manija del poder invirtiera en ocio juvenil, sería más barato que gestionar las consecuencias de su ausencia. Pero requeriría algo que escasea en la política local: visión a largo plazo, valentía para enfrentar quejas vecinales, y reconocer que los adolescentes son ciudadanos con derechos de primera categoría, no problemas a gestionar.
Mientras la administración local siga esperando que el problema se resuelva solo, o que las familias lo solucionen individualmente, la brecha entre ciudad, adolescentes y juventud seguirá creciendo. Y con ella, todos los problemas derivados que luego lamentaremos sin entender que fueron, en parte, construidos por nuestra propia negligencia colectiva.
«…, este escrito de sábado por la tarde después de comer, debe de entenderse, o por lo menos así me gustaría, adornado de un carácter constructivo, alejado de la confrontación, a través del cual reflexiono y trato de evidenciar la, a mi juicio, injusticia existente en la desigualdad de la representación visual oficial, es decir, en el cartel oficial que promociona las Fiestas Mayores de Almansa. Es ya muy sabido y reescrito allá y acullá que, en la ciudad natal de Santiago Bernabéu y José Luis Sánchez, ha ya bastante tiempo que, tras sobreponerse a multitud de crisis y peleas de gallo de pétreo espolón y raza autóctona, conviven dos tradiciones festivas de profundo arraigo y significado…»
Luis BONETE. Periodista Copyright-2026
Este escrito de sábado por la tarde después de comer, debe de entenderse, o por lo menos así me gustaría, adornado de un carácter constructivo, alejado de la confrontación, a través del cual reflexiono y trato de evidenciar la, a mi juicio, injusticia existente en la desigualdad de la representación visual oficial, es decir, en el cartel oficial que promociona las Fiestas Mayores de Almansa.
Es ya muy sabido y reescrito allá y acullá que, en la ciudad natal de Santiago Bernabéu y José Luis Sánchez, ha ya bastante tiempo que, tras sobreponerse a multitud de crisis y peleas de gallo de pétreo espolón y raza autóctona, conviven dos tradiciones festivas de profundo arraigo y significado: la fiesta tradicional manchega y la fiesta de Moros y Cristianos. Ambas, forman parte inseparables del patrimonio cultural de nuestro municipio y constituyen remarcadas señas de identidad que nos definen como comunidad. Sin embargo, en un escenario idílico de mar chicha festera, surge año tras año cual ave fénix, un elemento distorsionador paridor de polémicas soterradas: el cartel anunciador de las Fiestas Mayores, una creación artística orientada a difundir los elementos representativos de la ciudad, y que su diseño, sí o sí, debe reflejar el espíritu, la esencia y cohabitación de las Fiestas almanseñas. Pues bien, es de notorio conocimiento que, esta nombradía, elegida por un grupo de personas en forma de Jurado, no se sabe bien por qué, pudiendo elegir entre una abundancia de posibilidades y diseños gráficos, desde hace años viene priorizando en el citado Cartel la representación de la fiesta tradicional manchega, relegando escandalosamente a un segundo plano y prácticamente invisibilizando (como es el caso de este año) la fiesta de Moros y Cristianos. Es esta una situación en la que mi humilde opinión, que por lo general más que escuchada suele ser mancillada, enmarca una reflexión crítica y constructiva.
El cartel de Fiestas de cualquier ciudad (en este caso concreto de Almansa) no es un mero elemento decorativo o publicitario. Es, ante todo, un símbolo de identidad colectiva que representa y comunica qué es lo que celebramos como pueblo. Es la imagen oficial que proyectamos hacia dentro y hacia fuera, inevitablemente la primera impresión que reciben visitantes y forasteros, tirios y troyanos, y el reflejo de cómo nos concebimos a nosotros mismos como comunidad festiva.
Cuando un cartel prioriza sistemáticamente una fiesta sobre otra, no solo está tomando una decisión estética, sino que está realizando una declaración implícita sobre qué tradición merece mayor visibilidad, qué colectivo es más importante, y qué identidad cultural queremos proyectar. Este mensaje, aunque no siempre consciente, es captado y muy bien por cierto por todos los festeros y vecinos.
Para los festeros (varios miles) de la Agrupación de Comparsas de Moros y Cristianos de Almansa ver año tras año cómo su Fiesta queda relegada a un papel secundario en el cartel oficial genera un comprensible sentimiento de frustración y marginación que recorre como la pólvora (desgraciadamente a nivel privado, porque es conocido que en este pueblo el que se mueve no sale en la foto) tertulias, cafés y reuniones de Juntas Directivas…, etc., etc. No se trata de una cuestión de vanidad, no, sino de reconocimiento justo al esfuerzo, la dedicación y la pasión que los festeros de la Agrupación invierten en mantener viva una Fiesta en cuya ausencia a Almansa solo le quedaría la faja, el garrote, las albarcas, la gachamiga y el marisco de porquera, dicho sea todo ello con profundo respeto.
Las comparsas moras y cristianas dedican meses de trabajo, recursos económicos significativos, tiempo personal y familiar, y una energía inmensa en la organización de desfiles, actos como la Embajada Mora (santo y seña de nuestras Fiestas Mayores) ensayos y actividades. Sus miembros son tan vecinos de esta ciudad como cualquier otro, y su compromiso con la fiesta local es igualmente valioso. Cuando el cartel oficial parece no reflejar esta realidad, se produce una desconexión entre el discurso de igualdad que se proclama verbalmente y la práctica visual que se ejecuta.
Esta invisibilizaría, a mi juicio, tiene consecuencias prácticas que van más allá de lo simbólico. Los jóvenes que consideran incorporarse a las comparsas pueden percibir que esta es una fiesta de «segunda categoría» al no verse reflejada lo debido en la imagen oficial del municipio. Las familias que llevan generaciones participando en los desfiles sienten que su contribución al patrimonio festivo de la ciudad sigue siendo minusvalorada, y ello a pesar del sacrificio que supuso hace años para la Agrupación renunciar a la edición de un cartel paralelo monográfico sobre Moros y Cristianos, todo ello para limar asperezas y facilitar el entendimiento entre ambas tendencias festeras. Es incuestionable que los visitantes que acuden específicamente atraídos por la fiesta de Moros y Cristianos pueden tener la impresión de que están ante un evento marginal o complementario, cuando en realidad la fiesta moruna y la de los bautizados es el pilar fundamental de nuestro calendario festivo.
Además, y lo peor, es que, aunque no salga a flote, esta situación genera un agravio comparativo que no acerca como debiera el clima de convivencia entre ambas comunidades festivas. Mientras que, sin ambages, deberíamos estar celebrando juntos la riqueza de contar con dos tradiciones vivas y pujantes, nos encontramos debatiendo sobre quién tiene más derecho a protagonismo, a aparecer en un cartel. Es esta una discusión que la concejalía de Fiestas y los dirigentes de Calles y Agrupación nunca deberían permitir que exista en un municipio que se precia de celebrar Fiestas de Interés Turístico Internacional y valorar todo su patrimonio festivo por igual.
La dualidad festera almanseña no debería ser motivo de competencia, en ningún ámbito, sí causa de orgullo. Sin embargo, y sigo dando perico al torno, el diseño del cartel se convierte involuntariamente en un campo de batalla simbólico donde una tradición «gana» y otra «pierde» visibilidad.
La convivencia armoniosa de ambas fiestas requiere que las instituciones municipales y los órganos responsables de la imagen festiva adopten un criterio de equidad real, no solo declarativa. Es urgente que el cartel oficial de las Fiestas Mayores de Almansa cambie las reglas de juego (son más que obsoletas) y presione en el concurso a diseñadores y autores a estrujarse la mollera para encontrar fórmulas que otorguen protagonismo equivalente a ambas tradiciones, reconociendo de ese modo que no hay una jerarquía entre ellas.
La fiesta de Moros y Cristianos no es una imposición externa ni una moda pasajera en Almansa, y quien esto no vea, que pida cita urgente en Barraquer. Estamos ante una tradición arraigada en el Mediterráneo español, con profundas raíces históricas en la memoria colectiva de la Reconquista y la convivencia medieval entre culturas. Moros y Cristianos es una tradición que mayoritariamente ha sido adoptada y adaptada por nuestra ciudad, que, apuesta firmemente por nuestra capacidad de diálogo cultural, y ni de lejos supone una traición a nuestras raíces.
La tradición del cartel no es equivalente a las tradiciones festivas centenarias. El diseño gráfico puede y debe evolucionar para adaptarse a las realidades sociales. Lo que «siempre se ha hecho«, los “usos y las costumbres” no es necesariamente lo más justo o lo más adecuado para el presente.
Este argumento, además, ignora que las situaciones injustas perpetuadas en el tiempo no se vuelven justas por el mero hecho de su continuidad (ejemplo reciente tenemos en una conocida sociedad religiosa almanseña). Durante décadas se han mantenido prácticas discriminatorias en múltiples ámbitos sociales bajo el argumento de que «siempre se había hecho así«. La madurez de una sociedad se mide precisamente por su capacidad de reconocer y corregir desequilibrios heredados, no por su obstinación en mantenerlos.
Cada año se elige un nuevo diseño, un nuevo artista, una nueva propuesta visual. Si realmente valoráramos la continuidad inmutable, repetiríamos el mismo cartel año tras año. El hecho de que busquemos renovación visual anual demuestra que no consideramos la tradición del cartel como algo intocable, sino como algo vivo y sujeto a evolución. Entonces, ¿por qué no puede evolucionar también hacia una representación más equitativa?
Habrá quien me lleve la contraria y afirme que el jurado elige el mejor cartel, sin intenciones discriminatorias. Este argumento, aunque bienintencionado, no exime de responsabilidad. La discriminación no siempre es consciente o maliciosa; muchas veces responde a sesgos culturales interiorizados que ni siquiera percibimos. Si año tras año el «mejor cartel» resulta ser uno que prioriza la fiesta tradicional manchega, quizás el problema no esté en la maldad del jurado, sino en los criterios estéticos y culturales desde los que se evalúa.
Un jurado verdaderamente consciente de la diversidad festiva de nuestra ciudad debería valorar explícitamente la capacidad del cartel para representar ambas tradiciones. Si esto no se establece como criterio en las bases del concurso, estamos permitiendo que prejuicios inconscientes determinen sistemáticamente el resultado.
Como casi todo a día de hoy, el tema del Cartel de las Fiestas de Almansa, es una cuestión que trasciende lo meramente festivo para adentrarse en el ámbito de la responsabilidad política. El Ayuntamiento y las instituciones municipales tienen el deber de representar a todos los ciudadanos por igual, sin favoritismos ni exclusiones. Los cargos públicos y los directivos festeros deben ser conscientes de que cada decisión sobre el cartel envía un mensaje político y social. No pueden escudarse en la «neutralidad estética» o en la «libertad artística» del diseñador para eludir su responsabilidad. Si han detectado un patrón de desequilibrio en los últimos años y no han actuado para corregirlo, están siendo cómplices de una discriminación, aunque sea involuntaria y ello financiado con dinero público.
Un cartel equilibrado puede convertirse en un símbolo de unidad, un recordatorio visual de que nuestras diferencias nos enriquecen y de que hay espacio para todos en nuestra identidad colectiva. Por el contrario, un cartel desequilibrado se convierte en un recordatorio doloroso de exclusión, en una barrera simbólica que separa a quienes se sienten representados de quienes se sienten ignorados.
Debemos preguntarnos: ¿queremos que nuestras fiestas sean motivo de orgullo compartido o fuente de agravios y resentimientos? ¿Queremos que el cartel sea un emblema de unidad o un elemento divisorio? La respuesta debería ser obvia, pero requiere voluntad política para materializarse.
Es fundamental que esta crítica no se quede en la mera denuncia, sino que se vea acompañada, según mi punto de vista, de dos propuestas viables: Un diseño integrador con un jurado que comprenda la necesidad de crear carteles que fusionen o equilibren ambas iconografías, dando a cada una un espacio visual proporcional, y unos criterios claros en las bases del concurso: como en Almansa el cartel se elige mediante concurso, las bases caducas y desfasadas, deberían especificar explícitamente la necesidad de representar equilibradamente ambas fiestas.
Llegados a este punto, me gustaría dejar claro que esta crítica no debe de entenderse como puente de plata para facilitar el enfrentamiento entre colectivos ni menospreciar ninguna tradición, sino todo lo contrario: busca que ambas fiestas reciban el reconocimiento que merecen. El cartel de Fiestas debe ser una pasarela de unión, no motivo de división. Debe ser un símbolo de lo que nos une, no de lo que nos separa. Debe reflejar fielmente la realidad festiva de nuestra ciudad, donde dos tradiciones conviven y se complementan.
Es hora de que la concejalía de Fiestas escuche esta legítima reivindicación y adopte medidas concretas para garantizar que el cartel de Fiestas 2027 sea verdaderamente representativo de toda nuestra comunidad festiva. La solución a este problema no requiere grandes inversiones económicas ni cambios estructurales complejos. Requiere, simplemente, voluntad política, sensibilidad cultural y un compromiso genuino con la equidad. Requiere sencillamente una reestructuración, modernización y adaptación a estos tiempos de las obsoletas bases del concurso del Cartel de Fiestas de Almansa.
La Fiesta de Moros y Cristianos no pide privilegios ni trato preferente en el cartel. Solicita lo mismo que cualquier ciudadano tiene derecho a esperar de Ayuntamiento: respeto, reconocimiento y equidad. Seguir ignorando esta situación no solo perpetúa una injusticia, sino que envía un mensaje peligroso: que las instituciones pueden hacer oídos sordos a las reivindicaciones legítimas cuando les resulta incómodo atenderlas. Este no es el modelo de gestión pública que queremos ni el ejemplo que debemos dar a las futuras generaciones.
Ha llegado el momento de actuar. Ha llegado el momento de demostrar que el Ayuntamiento de Almansa, concretamente la concejalía de Fiestas es capaz de corregir errores, de evolucionar, de construir una ciudad más inclusiva y equitativa. Ha llegado el momento de que el cartel de nuestras Fiestas refleje, por fin, y de manera indubitable la totalidad de nuestra identidad festiva. Porque cuando todos nos sintamos representados, todos celebraremos con más orgullo. Y eso, al final, es lo que verdaderamente importa.
«…, no soy sospechoso. Fui de los que saludó con infinito optimismo la llegada al trono de Felipe VI en junio de 2014. Más que nada, porque sabía de qué pie cojeaba Juan Carlos I y conocía con precisión milimétrica la impecable conducta ética de su sucesor. A uno le llegan antes que al común de los mortales esos rumores que normalmente representan la antesala de la noticia. Del heredero de Franco a título de Rey llevaba años escuchando toda suerte de multimillonarias tropelías corruptas, tropelías que acabamos probando en rigurosa primicia en OKDIARIO, todo lo contrario que su hijo, del que nunca, jamás, ni antes ni ahora, he recibido un chivatazo que ponga en cuestión su integridad legal y moral. Ni de él ni de su mujer. Con Don Juan Carlos quedó empíricamente demostrado el «cuando el río suena, agua lleva» del refranero español. Con el actual representante de la dinastía Borbón, también. En el primer caso había un pantano, en el segundo un secarral cuando no un desierto…»
Eduardo INDA. Copyright-2026
No soy sospechoso. Fui de los que saludó con infinito optimismo la llegada al trono de Felipe VI en junio de 2014. Más que nada, porque sabía de qué pie cojeaba Juan Carlos I y conocía con precisión milimétrica la impecable conducta ética de su sucesor. A uno le llegan antes que al común de los mortales esos rumores que normalmente representan la antesala de la noticia. Del heredero de Franco a título de Rey llevaba años escuchando toda suerte de multimillonarias tropelías corruptas, tropelías que acabamos probando en rigurosa primicia en OKDIARIO, todo lo contrario que su hijo, del que nunca, jamás, ni antes ni ahora, he recibido un chivatazo que ponga en cuestión su integridad legal y moral. Ni de él ni de su mujer. Con Don Juan Carlos quedó empíricamente demostrado el «cuando el río suena, agua lleva» del refranero español. Con el actual representante de la dinastía Borbón, también. En el primer caso había un pantano, en el segundo un secarral cuando no un desierto.
Mérito de un Felipe VI provisto de un austero carisma y del hasta hace dos años jefe de la Casa del Rey, Jaime Alfonsín, el mejor servidor público que he conocido en mi vida. Nuestro monarca era por aquel entonces un personaje consciente de las limitaciones de su cargo, reina pero no gobierna, vamos, lo normal en una democracia moderna, pero no se cortaba un pelo a la hora de decir «no» al Gobierno de turno por razones legales, éticas e incluso estéticas. Lo certifica más allá de toda duda razonable la intrahistoria de ese 1-O del que algún día escribiré un libro.
La comparecencia de Felipe VI el 3 de octubre de 2017 multiplicó hasta el infinito el prestigio de la Casa Real en general y de su titular en particular
Aquellas jornadas que vivimos peligrosamente por culpa de un Gobierno que ordenó a la Policía no entrar en las naves de Barcelona donde escondían la mayor parte de las urnas, se suscitó el debate acerca de la conveniencia de que Felipe VI se hiciera un Juan Carlos I. Que hiciera un discurso televisado en prime time para hacer frente a los golpistas. Con la gran diferencia de que su padre paró un putsch que había incitado y no precisamente indirectamente y nuestro protagonista frenó en seco uno en el que obviamente no tenía arte ni parte.
El Gobierno Rajoy prohibió a Don Felipe, con buenas palabras eso sí, salir a dar la cara. Entre otras cosas porque el registrador santiagués dudaba si hacerlo él. El presidente del Gobierno deshojaba la margarita, la volvía a deshojar, Rajoy en estado puro, pero la casa continuaba sin barrer mientras los enemigos de la democracia campaban a sus anchas en medio de un ridículo internacional del que aún no nos hemos recuperado. Hasta que a Felipe VI se le acabó su sacrosanta paciencia y tiró adelante desoyendo los ruegos del jefe de gabinete de Rajoy, Jorge Moragas, para que no lo hiciera. Aquella comparecencia del 3 de octubre fue un éxito que multiplicó hasta el infinito el prestigio de la Casa Real en general y de su titular en particular.
Por eso, precisamente, continúo sin salir de mi asombro ante varios episodios protagonizados del verano a esta parte por el jefe del Estado. Ni entiendo ni comprendo que no felicitase a María Corina Machado tras ser galardonada con el Premio Nobel de la Paz el 10 de octubre. Zarzuela alegó que sólo lo hace cuando los premiados son españoles pero a alguien en Palacio se le escapó la elemental evidencia de que sí lo hizo con Barack Obama y con Juan Manuel Santos. Y que yo sepa ni el primer presidente afroamericano de los Estados Unidos nació en Chamberí ni el amigo de las FARC en Pamplona como yo. El mimetismo Zarzuela-Moncloa llamó poderosamente la atención. El gánster que preside España aseguró que «nunca» felicita premios Nobel pero, inmediatamente, las redes se inundaron de tuits de un sujeto al que se coge mucho antes que a un mentiroso o un cojo. Lo había hecho no menos de cinco veces.
El discurso del Rey la pasada Nochebuena nada tuvo que ver con la plausible contundencia que exhibió hace ocho años en plena era Rajoy
Don Felipe debería haber sido más sensible al reconocimiento a una demócrata que lucha por la libertad, la democracia y los derechos humanos en un país con 1.000 presos políticos, decenas de miles de ejecuciones extrajudiciales, un sinfín de desaparecidos que empequeñecen a Pinochet o Videla, torturas por doquier y 9 millones de exiliados. A una heroína que ganó las Elecciones Presidenciales por Edmundo González Urrutia interpuesto y a la que robaron el resultado con la complicidad de un Gobierno de España que puso nuestra Embajada al servicio de la ignominia. Felipe VI no debe olvidar que no es Pedro Sánchez y, por tanto, no puede ni debe situarse a su misérrima altura moral.
El discurso de Nochebuena nos atragantó el cordero a todos los españoles. Esencialmente porque en el speech más esperado del año no existía la palabra «corrupción» pese a que de lo único que se habla en nuestro país en los dos últimos años es de una mangancia, la del PSOE, que más que a la del tardofelipismo nos recuerda a la de la Tangentópoli de la Italia de primeros de los 90. Lo examiné por arriba y por abajo, del derecho y del revés, de la página 1 a la 6, y el término más tecleado en los móviles patrios ni estaba ni se le esperaba. A todo lo más que llegó fue a reclamar «especial ejemplaridad en el desempeño del conjunto de los poderes públicos». Una mención que lo mismo sirve para el PSOE, que para el PP, el Partido Humanista o Pacma. Nada que ver con la plausible contundencia que exhibió hace ocho años en plena era Rajoy cuando exigió implícitamente al entonces primer ministro «cortar de raíz y sin contemplaciones la corrupción». Un agravio comparativo de primera división teniendo en cuenta que la mayor parte del trinque de esa etapa era heredado y que el que se produjo es un juego de niños al lado del perpetrado por el sanchismo.
Igualmente incomprensible resulta que el 24 de diciembre hiciera suyo el palabro «crispación», maquiavélicamente empleado por el PSOE para intentar frenar las noticias sobre su elefantiásica corrupción. El mantra de la «crispación» era el pan nuestro de cada día con Felipe y lo vuelve a ser con Sánchez. Entonces se acusaba de crispar la convivencia a los periodistas decentes y ahora se repite la historia.
La preocupante clonificación Sánchez-Felipe de Borbón alcanzó su cénit la semana pasada cuando el primero de los españoles se refirió a los presos políticos de la narcodictadura venezolana como «ciudadanos retenidos». «A todos debe alegrarnos la liberación de cinco compatriotas y otros ciudadanos que se hallaban retenidos», afirmó textualmente como si se tratase de conductores a los que la Guardia Civil ha dado el alto en una autovía y no deja continuar su camino porque no llevan encima el carné de conducir o el permiso de circulación. «Retenido» es mucho menos que «detenido» y está a años luz de la condición de «preso». De primero de perogrullo.
No creo que Felipe VI esté «secuestrado» por Sánchez, pero sí creo que tiene miedo a una izquierda podemizada y ‘etarrizada’ hasta la náusea
Lo que encendió definitivamente todas las alarmas fue el tan indudable como acongojante hecho de que ese mismo «retenido» era el concepto que había empleado el miserable del marido de la pentaimputada Begoña Gómez para referirse a los reclusos de conciencia que mantiene en su poder su amiga Delcy Rodríguez en El Helicoide, en Ramo Verde y en ese infierno en la tierra que es La Tumba.
Sus aplausos y su «enhorabuena» la semana pasada a ese acuerdo de la UE con Mercosur que constituye una auténtica puñalada trapera a nuestros agricultores tampoco invita a la esperanza. No creo que el Rey de España esté «secuestrado» por Pedro Sánchez como argumenta Vox, ni mucho menos, pero sí albergo la terrible convicción de que tiene miedo a una izquierda podemizada y etarrizada hasta la náusea. El pavor a que se revivan esos episodios de abril de 1931 cuando quienes perdieron esas elecciones municipales convertidas en un plebiscito monarquía-república dieron un golpe de Estado en toda regla que acabó con Alfonso XIII tomando un barco en Cartagena rumbo al exilio. A nadie medianamente informado se le escapa el incontrovertible hecho de que como Sánchez repita en Moncloa el referéndum está servido.
Felipe de Borbón y Grecia no puede ni debe perder el favor de los suyos, de sus incondicionales, incluso de quienes creen en este modelo de Estado pese a no ser intelectualmente monárquicos, so pena de incurrir en un auténtico suicidio. Si los suyos le dejan de lado quedará al albur de esa panda de totalitarios que quieren destruir no sólo nuestra monarquía sino la España constitucional enterita, en resumidas cuentas, a los pies de los caballos ante quienes anhelan pasar página al mayor periodo de paz de nuestra historia para transportarnos a Venezuela sin salir de Europa Occidental. Y aunque sólo sea por no repetir el resultado de nuestros dos experimentos republicanos, sobra recordar cómo terminaron, espero que aguante la embestida zurda y vuelva por sus fueros. Los del que todos esperamos que acabe pasando a la historia como el mejor Rey de todos los tiempos. Corona, sí; Wokorona, no.
«…, parece mentira, pero este chico no aprende. Nuestro querido edil de ¿Cultura?, Borja López, más conocido en la localidad por “cangrejo de río”, lo ha vuelto a hacer. Es el mayor especialista en meter patas de todo el equipo de gobierno social-comunista del que forma parte. Su hipocresía flagrante al usar unos estándares morales como arma política cuando conviene, pero abandonarlos cuando afectan a uno mismo le sitúan en la orilla de los fuleros políticos más descarados…»
Luis BONETE Periodista Copyright-2026
Parece mentira, pero este chico no aprende. Nuestro querido edil de ¿Cultura?, Borja López, más conocido en la localidad por “cangrejo de río”, lo ha vuelto a hacer. Es el mayor especialista en meter patas de todo el equipo de gobierno social-comunista del que forma parte. Su hipocresía flagrante al usar unos estándares morales como arma política cuando conviene, pero abandonarlos cuando afectan a uno mismo le sitúan en la orilla de los fuleros políticos más descarados.
Un edil como Borja “cangrejo de río” que saca pecho y presume de ser más progresista que quien inventó la palabra, se tira a la piscina sin agua y se apunta al más genuino de los blackface con SSM el Rey Baltasar, al que le pinta la cara con Kanfor y le pone guantes oscuros de lana de cabra mareada; y se queda tan tranquilo porque cree que nadie le va a decir nada, y mucho menos le va a sacar los colores por semejante demostración de racismo o insensibilidad racial. Es importante conocer que el blackface es ofensivo independientemente de quién lo haga o su ideología política. No hay contexto político que lo justifique.
En la llegada de SSMM los Reyes Magos a Almansa, nuestro Borja “mari”, perpetuó sin recato prácticas que deshumanizan y ridiculizan a las personas negras, especialmente desde su posición de poder, consiguiendo una pérdida total de autoridad moral que destruye cualquier credibilidad que pudiera tener en temas de justicia racial o igualdad. Anda nuestro Borja más perdido que un ciego en un tiroteo porque si no es ese el motivo, hacerlo de forma tan estúpida y a ojos de todo el mundo es para ir a mear y no echar ni gota.
Durante los años que gobernaron en Almansa los grupos políticos conservadores también se practicó sin miramiento el blackface, y los partidos de izquierda, incluidos PSOE y formaciones como Podemos o IU, criticaron duramente esta práctica de pintar a personas blancas de negro, en el caso que nos ocupa, para representar al rey Baltasar en las cabalgatas de Reyes. Argumentaban, con razón, que esta práctica tenía connotaciones racistas, resultaba ofensiva para las personas negras, y perpetuaba estereotipos. Defendían que Baltasar debería ser interpretado por una persona negra real, como cuestión de dignidad y representación.
Sin embargo, cuando estos mismos partidos llegan al gobierno municipal y se enfrentan a la realidad práctica de organizar la cabalgata, no les duelen prendas de recurrir exactamente a la misma práctica que antes criticaban. Las posibles razones que puedan esgrimir (dificultad para encontrar actores negros disponibles, cuestiones logísticas o presupuestarias) no justifican esta incoherencia.
La contradicción a la que se apunta nuestro Cangrejo de Río recurriendo al blackface es inaceptable por varias razones:
Primero, socava la credibilidad de las propias críticas anteriores del PSOE. Si el blackface era inadmisible cuando gobernaba el PP, ¿por qué ahora sí lo es? Esto hace que aquellas críticas parezcan más oportunismo político que principios genuinos.
Segundo, resulta particularmente decepcionante para las comunidades que creyeron en el discurso antirracista de PSOE e IU y esperaban un cambio real en este aspecto. Estamos, sin duda alguna, ante un ejemplo claro de cómo a veces la coherencia ideológica se pierde cuando se pasa de la oposición al gobierno.
Insisto. La figura de SM el rey Baltasar fue el día cinco un ejemplo flagrante de hipocresía política que rozó lo grotesco. La coalición social-comunista que gobierna Almansa, y más concretamente, el área de Cultura colonizada por un nefasto político como es Borja López “Cangrejo de Río”, ha traicionado completamente sus propios principios declarados, y lo ha hecho precisamente en el tema que en su día su PSOE utilizó como arma política contra sus adversarios conservadores.
Que nadie se llame a engaño. El blackface es una práctica racista, punto. No hay medias tintas aquí. Consiste en caricaturizar y cosificar a las personas negras, tiene raíces históricas profundamente ofensivas en espectáculos que ridiculizaban y deshumanizaban a los afroamericanos, y perpetúa la idea de que los cuerpos negros pueden ser «interpretados» o «imitados» por personas blancas como si fueran disfraces.
Cuando PSOE e IU criticaban al PP o los Independientes por hacer exactamente lo mismo, se presentaban como defensores de la dignidad racial y abanderados del antirracismo. Protestaron, hicieron comunicados indignados, acusaciones de insensibilidad y racismo. Y tenían razón en hacerlo.
Pero ahora que tienen el poder, ¿qué hacen? Exactamente lo mismo. Pintan a una persona blanca (que se presta de buena fe) de negro, y la completan con guantes de chichinabo. Las excusas logísticas son inaceptables: si hay voluntad política real, se encuentra a una persona negra para el papel. No hay excusa posible.
Lo que esto demuestra es que el compromiso antirracista progresista almanseño era y es puramente instrumental, una herramienta de combate político que han desechado en cuanto les ha resultado inconveniente. Es más: es peor viniendo de ellos, porque traiciona las expectativas de quienes confiaron en que realmente representaban un cambio en este tipo de prácticas discriminatorias.
Desde ya, Borja López “cangrejo de Río”, integrante de la coalición social-comunista que nos gobierna queda inhabilitado, ya no tiene autoridad moral alguna para criticar el racismo de otros cuando ha permitido la reproducción las mismas prácticas que su partido denunciaba.
Fariseo de manual.
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