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LA SOLIDARIDAD SELECTIVA: EL SILENCIO DE LOS ACTIVISTAS PRO-PALESTINA ANTE EL SÁHARA OCCIDENTAL

«…, hay una pregunta que nadie quiere formular porque deja demasiadas vergüenzas al aire: ¿Por qué los activistas y políticos más ruidosos en defensa de Palestina jamás organizan una flotilla de ayuda para el pueblo saharaui? Y la respuesta, por dura que sea, es evidente: porque Marruecos manda más en España que muchos ministros…»

Luis BONETE Periodista. Copyright-2026

Hay una pregunta que nadie quiere formular porque deja demasiadas vergüenzas al aire: ¿Por qué los activistas y políticos más ruidosos en defensa de Palestina jamás organizan una flotilla de ayuda para el pueblo saharaui? Y la respuesta, por dura que sea, es evidente: porque Marruecos manda más en España que muchos ministros.

Hay silencios que delatan más que mil discursos. Y uno de los más escandalosos es el de tantos activistas y políticos que se deshacen en gestos heroicos por Palestina, pero no mueven un solo dedo por el pueblo saharaui, que lleva medio siglo sobreviviendo en los campos de la hammada de Tinduf. Sí, medio siglo. Cincuenta años de exilio, de refugiados eternos, de vidas suspendidas. Pero para algunos, este pueblo es transparente, parece que no existe.

Lo diré sin rodeos: ¿Dónde están las flotillas rumbo a El Aaiún? ¿Dónde están los barcos cargados de medicinas, alimentos, material sanitario? ¿Dónde están los vídeos épicos, los manifiestos inflamados, los diputados embarcándose para “romper el bloqueo”? Porque para Gaza sí hay dinero a espuertas, barcos, cámaras, pancartas, hashtags y hasta alfombra roja mediática. Para el Sáhara, nada.

Y no será por falta de capacidad. Los mismos grupos y lobbies que organizan flotillas multitudinarias hacia Gaza —con decenas de barcos, cientos de activistas y apoyo institucional— podrían hacer exactamente lo mismo por los saharauis. Pero no lo hacen. Ni lo intentan. Ni lo mencionan. ¿Por qué? La respuesta es incómoda, pero evidente: porque el opresor no es Israel, sino Marruecos.

Sí, así de claro. Porque si mañana un grupo de activistas anunciara una flotilla rumbo a El Aaiún cargada de ayuda humanitaria para los campos de refugiados saharauis, el Gobierno español entraría en pánico salpicado por el miedo. Miedo a que Rabat abra el grifo de la inmigración irregular. Miedo a que deje pasar toneladas de hachís por la frontera. Miedo a que vuelva a presionar a Ceuta y Melilla como ya ha hecho otras veces. Miedo, al bloqueo fronterizo, en definitiva, a que Marruecos recuerde, una vez más, quién es el que manda en esta relación. Así que los perroflautas disfrazados de activismo político optan por la salida más cagona: mirar hacia otro lado.

Y mientras tanto, reitero, los saharauis llevan más de 50 años en los campos de Tinduf. Cincuenta años de extrañamiento, de refugiados eternos, de vidas congeladas. Pero a los activistas que se rasgan las vestiduras por Gaza, los hermanos saharauis les importan un ardite. No hay pancartas. No hay flotillas. No hay diputados embarcándose para “romper el bloqueo”. No hay trending topics. No hay nada de nada, solo una pléyade de sepulcros blanqueados y vergüenza.

Porque claro, para gente como Ana Alcalde (Barbie Gaza), Ada Colau, Nkosi Zwelivelile Mandela, Greta Thunberg o Liam Cunningham, entre otros, que parlotean de derechos humanos, (solo de algunos) que hablan de ocupación, pero solo de una, que disertan de pueblos oprimidos…, solamente lo hacen de los que encajan en su relato ideológico. Para el pueblo saharaui…, silencio vergonzoso y administrativo.

Para esta gente bien alpargatá, formar parte de una flotilla hacia Gaza es épico, memorable, heroico y fotogénico. Organizarla hacia El Aaiún, en cambio, es meterse con Marruecos, y eso ya no gusta tanto. Eso no da likes. Eso no da subvenciones. Eso no da titulares amables. Eso da, sencillamente, problemas, muchos problemas.

Sin olvidar que el Gobierno español, sometido a Rabat desde hace una pila de años, tampoco lo permitiría. No vaya a ser que S.M. Mohamed VI decida “relajar” el control fronterizo y en 48 horas tengamos, de nuevo, miles de personas entrando por Ceuta y Melilla. O que aumente la permisividad con el tráfico de droga que entra por nuestras costas. O que vuelva a utilizar a menores como arma política, como ya ha sucedido no hace tanto tiempo.

Así que la solidaridad de los “flotilleros” y quienes les financian sus vacaciones en el Mediterráneo, se vuelve selectiva. Valiente con unos, cobarde con otros. Universal en los discursos, pero muy calculada en la práctica.

Por eso la pregunta sigue en pie, más incómoda que nunca: ¿Dónde está la flotilla para el Sáhara Occidental? ¿Dónde están los activistas que se juegan el tipo en el Mediterráneo? ¿Dónde están los políticos que presumen de defender causas justas? ¿O es que la justicia depende del país al que incomode?

El pueblo saharaui no merece ser el daño colateral de la diplomacia española. No merece ser silenciado por miedo a Marruecos. No merece ser ignorado por quienes dicen luchar contra la opresión.

Y si algún día alguien se atreve a organizar esa flotilla, veremos hasta qué punto llega la “amistad estratégica” entre Madrid y Rabat. Y veremos también cuántos activistas están dispuestos a defender los derechos humanos cuando el opresor no es el que ellos esperan.

NOTA: “El burro puede fingirse caballo, pero tarde o temprano rebuzna. Al final cada quien demuestra quien es, las apariencias no son sostenibles

 

 

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CANGREJO DE RÍO, CHAVEA ACCIONISTA DE CACHUCHAS Y CANOTIER

«…,la Cultura de un pueblo no es un adorno. Es su memoria, su identidad, su proyección hacia el futuro. Por eso resulta especialmente preocupante que al frente de la concejalía de Cultura de Almansa se encuentre nuestro apreciado bienquisto Borja López, una persona de extracto social gremial que, a todas luces, y que quien lo conoce ratifica, no reúne ni en sueños la formación académica, ni la actitud, ni la capacidad de gestión que tan importante área municipal exige…»

Luis BONETE. Periodista Copyright-2026

La Cultura de un pueblo no es un adorno. Es su memoria, su identidad, su proyección hacia el futuro. Por eso resulta especialmente preocupante que al frente de la concejalía de Cultura de Almansa se encuentre nuestro apreciado bienquisto Borja López, una persona de extracto social gremial que, a todas luces, y que quien lo conoce ratifica, no reúne ni en sueños la formación académica, ni la actitud, ni la capacidad de gestión que tan importante área municipal exige.

Y lo más llamativo es cómo una persona de espectro conflictivo ha llegado a donde está a día de hoy. Veamos, cuando la alcaldesa presidenta del consistorio de sesgo social comunista Pilar Callado, “diez más uno”, configuró su equipo de Gobierno, su manifiesta intención inicial era designar a Borja López responsable del área de Fiestas. Ante semejante dislate, la respuesta del sector festero almanseño fue tan contundente y tan unánime en su rechazo, que la alcaldesa Callado se vio obligada a dar urgente marcha atrás. La solución que encontró fue reubicar a López en Cultura. Como si la Cultura fuera el cajón de sastre donde colocar lo que no encaja en ningún otro sitio. Como si los almanseños que viven, crean y trabajan por la Cultura de su ciudad merecieran menos consideración que cualquier otro colectivo.

Pero hay algo aún más revelador en esa decisión. Según apuntan fuentes fronterizas al equipo de Gobierno (más cerca de Callado de lo que ella se imagina) la “Zaresa” era perfectamente consciente de las limitaciones de su concejal. Sabía que al frente del departamento de Cultura por lo general y Almansa no es una excepción, trabaja un funcionario Grupo A experto y conocedor del área, y de esa forma descargó su conciencia y confió en que ese profesional actuaría como red de seguridad, amortiguando los posibles dislates y compensando la más que previsible mala gestión del imberbe e inexperto político al que acababa de nombrar. Dicho de otro modo: la alcaldesa no colocó a nuestro “Cangrejo de Río” como concejal en Cultura porque fuera el más adecuado, ¡que va! sino porque calculó una tarde soleada estando a la sombra de los pinos, que el daño sería más contenido. Que la Cultura de Almansa pudiera permitirse un concejal florero mientras un funcionario hacía el trabajo de verdad. Pocas decisiones reflejan con tanta claridad el escaso respeto que, en ocasiones, la clase política tiene por lo público. Un mal comienzo que, con el tiempo, ha resultado ser un mal presagio.

Hablamos, pues, de un concejal que como su homólogo animal no es muy exigente en cuanto a las condiciones que necesita para vivir. Vive en todas las aguas de los ríos españoles que cuenten con un caudal suficiente. Aunque no es muy riguroso, sí prefiere que las aguas municipales sean ricas en sales de calcio para poder fortalecer su exoesqueleto de marca “aquí mando yo, y no me puentea ni Dios”. Su trayectoria al frente de la Cultura municipal y Juventud, a falta de un año para las próximas elecciones, se caracteriza, ante todo, por la inacción. Las iniciativas de nuestro “cangrejo” brillan por su ausencia, los proyectos uno tras otro, se quedan en el cajón y la vida cultural de nuestra ciudad avanza —cuando avanza— a pesar de él, no gracias a él. La prueba más evidente la encontramos en su tensa y prolongada mala relación con Almansa Histórica 1707, una de las asociaciones más serias y comprometidas con la recuperación y difusión del patrimonio histórico local. Lejos de apoyar su labor, el concejal ha protagonizado reiterados y brutales  desencuentros con esta entidad, enfrentándose sin pudor con sus directivos y bloqueando sinergias que habrían beneficiado directamente a la ciudad, a la Recreación Internacional de la Batalla y a su proyección cultural y turística.

Pero los roces de nuestro enervado crustáceo con Almansa Histórica 1707 no son un caso aislado. Son el síntoma de una forma de entender —o más bien de malentender— la gestión cultural. El tejido asociativo almanseño, motor real de nuestra vida cultural, conoce de sobra el talante autoritario y el escaso y a veces nulo diálogo de este ex representante sindical metido a concejal. Quienes se han acercado con propuestas, con ilusión o con legítimas críticas han encontrado, demasiadas veces, una puerta cerrada, un gesto despectivo o una respuesta fuera de lugar. Olvida bien subidito de orgullo Borja López, que el cargo público que ostenta del que posiblemente a corto plazo sea desalojado, no es la butaca de su casa, y que la concejalía de Cultura tampoco es el rancho o la alquería de nadie.

Y si hay un episodio que resume a la perfección la falta de criterio y de sensibilidad de este chavea accionista de cachuchas y canotier, ese es sin duda el bochornoso momento en que criticó públicamente que la Agrupación de Comparsas de Moros y Cristianos (a la que él mismo pertenece al estar encuadrado en Almanzárabes) hubiera elaborado y sufragado un manto de camino para la Patrona de Almansa. Una iniciativa hermosa donde las haya, cargada de devoción y de trabajo colectivo, y que recibió como respuesta del cangrejo invasor, la censura de quien debería haber sido el primero en aplaudirla. Que el máximo responsable de la cultura municipal critique un gesto de fe, de tradición y de generosidad de su propia comparsa dice mucho —todo lo malo— sobre su capacidad para comprender lo que la Cultura y las tradiciones significan para los almanseños.

A esto se suma un problema de fondo que no puede seguir ignorándose: la absoluta ausencia de formación específica y académica en el área que gestiona. La Cultura requiere, como mínimo, conocimiento, sensibilidad y criterio. Requiere entender el patrimonio, las artes, la educación, la dinamización social, también ser empático (algo que Borja desconoce). No basta con ocupar una mecedora; hay que saber para qué sirve y cómo llenarla de contenido.

Almansa merece una concejalía de Cultura a la altura de su historia y de su gente. Merece gestores comprometidos, formados y, sobre todo, al servicio de los ciudadanos y de sus asociaciones. Mientras eso no ocurra, seguiremos señalando a Borja López como Cangrejo de Río “invasor”. Porque callar nunca fue una opción para quien esto escribe, y porque si lo hiciese también sería una forma de consentir.

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20 DE MAYO. EL DÍA EN QUE EL DESIERTO DIJO BASTA

MANIFIESTO DE LA ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL PUEBLO SAHARAUI DE ALMANSA

Ciudadanas y ciudadanos, amigas y amigos del pueblo saharaui:

Nos reunimos hoy para recordar. Y recordar, cuando se trata de un pueblo que lleva más de medio siglo resistiendo el olvido, es ya en sí mismo un acto de justicia.

Un 20 de mayo de 1973, apenas diez días después de que el Frente Polisario anunciara al mundo su nacimiento como movimiento de liberación nacional, un pequeño grupo de combatientes saharauis atacó el puesto militar español de El Janga, en la Saguia el-Hamra. Aquella acción no fue solo el primer disparo de una guerra; fue el primer grito organizado de un pueblo que se negaba a desaparecer.

«El pueblo saharaui demostró que existía como tal, y que estaba dispuesto a alcanzar su independencia por encima de la voluntad e intereses de las potencias extranjeras.»

Antes de aquel 20 de mayo, el Sáhara Occidental llevaba casi un siglo bajo el dominio colonial español. Antes de él, sus habitantes ya habían resistido intentos de ocupación portugueses, ingleses, franceses y marroquíes. Antes de él, estaba el grito de Zemla de 1970, cuando la represión española ahogó en sangre una manifestación pacífica de saharauis que pedían simplemente el derecho a decidir su destino. La historia de ese pueblo es la historia de una dignidad que ningún ejército ha podido doblegar.

Tras la acción de El Janga se desencadenaron dieciocho años de guerra. Primero contra el colonialismo español, que abandonó el territorio en 1975 sin cumplir su obligación descolonizadora, entregando las llaves a Marruecos y Mauritania mediante los vergonzosos Acuerdos de Madrid. Después, contra la invasión militar de ambos países. Una invasión que vino acompañada de napalm y fósforo blanco arrojado sobre la población civil, de éxodos masivos bajo el sol del desierto, de masacres que el mundo miró con indiferencia cómplice.

Más de doscientas cincuenta mil personas se vieron forzadas al exilio. Se instalaron en los campamentos de Tinduf, en el desierto argelino, donde construyeron —con una tenacidad que asombra al mundo— hospitales, escuelas, instituciones y dignidad. Proclamaron la República Árabe Saharaui Democrática. La Unión Africana la reconoció como Estado miembro. La ONU reconoció al Frente Polisario como el único y legítimo representante del pueblo saharaui.

En 1991 llegó el alto el fuego. Con él vino una promesa: la celebración de un referéndum de autodeterminación. Treinta y cinco años después, esa promesa sigue sin cumplirse.

Marruecos ha bloqueado sistemáticamente la consulta. La comunidad internacional ha mirado hacia otro lado, entretenida en cálculos geopolíticos y acuerdos comerciales. España, potencia administradora según el derecho internacional, ha renunciado a ejercer su responsabilidad histórica. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas renueva mandatos y extiende plazos, pero no avanza hacia la justicia.

En noviembre de 2020, el Frente Polisario retomó la lucha armada tras la ruptura del alto el fuego provocado por Marruecos. La guerra que el mundo quería dar por olvidada ha vuelto a encenderse. Y mientras tanto, en los territorios ocupados, la represión contra activistas, periodistas y civiles saharauis continúa sin que ningún mecanismo internacional supervise los derechos humanos sobre el terreno. La MINURSO es la única misión de paz de Naciones Unidas que carece de mandato para vigilar los derechos humanos en la zona bajo su supervisión. Una anomalía que habla más que mil discursos sobre la hipocresía del orden internacional.

Hoy, 20 de mayo de 2026, conmemoramos cincuenta y tres años de aquella primera acción en El Janga. Cincuenta y tres años de resistencia. Cincuenta y tres años de espera de una justicia que se demora, pero que el pueblo saharaui no ha dejado de reclamar.

Recordamos a quienes murieron bajo las bombas del éxodo. A quienes perecieron de sed y de hambre en el desierto. A quienes fueron torturados y desaparecidos por el solo delito de ser saharauis y decirlo en voz alta. Recordamos a Luali Mustafá Sayed, el primer secretario general del Frente Polisario, símbolo de una generación que eligió la dignidad sobre la rendición. Y recordamos también a quienes hoy siguen en los campamentos, o resistiendo bajo la ocupación, o luchando desde la diáspora con la misma convicción que aquellos primeros combatientes de El Janga.

Este pequeño gran pueblo nos ha enseñado que, aunque el enemigo sea muy poderoso, y no se puedan ganar todas las batallas, nunca hay que darse por vencido.

Por eso estamos aquí. Para decir que no olvidamos. Para decir que la causa saharaui no es un asunto lejano ni una nota a pie de página de la historia: es una de las últimas causas de descolonización pendientes en el mundo, y su resolución es una deuda de la humanidad entera.

Para decir que exigimos el cumplimiento de la legalidad internacional: la celebración de un referéndum libre, justo y supervisado por Naciones Unidas, en el que el pueblo saharaui pueda decidir libremente su futuro.

Para decir que la solidaridad no es caridad: es la única respuesta coherente de quien cree en la justicia.

Que el grito de El Janga, cincuenta y tres años después, siga resonando. Que este acto sea una pequeña contribución a que no sea en vano.

El Sáhara Occidental no está en venta. El pueblo saharaui existe. Y su lucha es justa.

POR LA DIGNIDAD Y EL REFERENDUM DE AUTODETERMINACIÓN

SAHARA LIBRE !!!!!

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LA RULETA RUSA

«…cuando el político fatuo decide que se pasa por el forro de la forma más procaz las decisiones de los técnicos municipales, abre una tenebrosa expectativa que puede, o no, conducir al abismo el esfuerzo y la ilusión de los vecinos de Almansa. El disparate de apostar por desempolvar un imaginario revolver para jugar a la ruleta rusa con la seguridad de las Fiestas Mayores, ténganse los machos, es un síntoma evidente que el gobierno que preside la socialista Pilar Callado, va cuesta abajo y sin frenos…»

Luis BONETE Periodista. Copyright-2026

Cuando el político fatuo decide que se pasa por el forro de la forma más procaz las decisiones de los técnicos municipales, abre una tenebrosa expectativa que puede, o no, conducir al abismo el esfuerzo y la ilusión de los vecinos de Almansa. El disparate de apostar por desempolvar un imaginario revolver para jugar a la ruleta rusa con la seguridad de las Fiestas Mayores, ténganse los machos, es un síntoma evidente que el gobierno que preside la socialista Pilar Callado, va cuesta abajo y sin frenos.

La alcaldesa Pilar Callado y el concejal de Seguridad Javier Gimeno, se echan al monte y en una decisión que nadie en Almansa es capaz de comprender, desautorizan un pormenorizado informe técnico y, ensoberbecidos ambos, dan el visto bueno a menos de la mitad de los servicios que su propio Inspector-Jefe de Policía Local considera imprescindibles para garantizar la seguridad durante las Fiestas Mayores. En su lugar, artos de orgullo y prepotencia, manifiestan que se contrataran vigilantes privados. Una decisión que no es solo un error de gestión: es una grave temeridad.

Hay una regla de oro en el ejercicio del poder público que cualquier manual de administración local recoge y que la experiencia aconseja no ignorar jamás: cuando el técnico advierte, el político abre la oreja y escucha. No necesariamente para obedecer ciegamente, pero sí para ponderar, para justificar, para asumir con plena consciencia las consecuencias de apartarse del criterio experto. En Almansa, ese principio elemental como tantas otras cosas ha quedado reducido a papel mojado.

El Inspector-Jefe de la Policía Local de Almansa, José García —el mismo funcionario que en el acto de su toma de posesión reivindicó públicamente la importancia del apoyo institucional para hacer bien su trabajo—, ha elaborado informes técnicos estableciendo cuáles son las condiciones mínimas de seguridad que deben garantizarse durante los próximos días de Fiestas Mayores. Esos informes, fijan un número de servicios policiales por debajo del cual la cobertura de la vía pública no puede considerarse suficiente. A pesar de los reiterados avisos y de los informes del jefe de Policía Local advirtiendo de la falta de garantías, el gobierno de Pilar Callado decide pasárselos por el arco de triunfo y los ignora, uno tras otro.

Es importante que todos los almanseños conozcan, ya que desde Casa Grande se da carpetazo al asunto con el más ominoso de los silencios, que la decisión tomada por la alcaldesa y el concejal de Seguridad, Javier Gimeno, ha sido dar luz verde a menos del 50 por ciento de los servicios que la propia Jefatura de Policía considera necesarios para unas Fiestas Mayores con garantías de seguridad. Pero lo más sorprendente es que el déficit de servicios no se ha decidido cubrirlo reforzando la plantilla, negociando horas extraordinarias ni buscando fórmulas creativas dentro del marco de la función pública. Se ha cubierto —o más bien taponado— agárrense que viene curva, con vigilantes de seguridad privada, en una apuesta por la aritmética de la irresponsabilidad.

La matemática es aplastante y no admite matices favorables al equipo de Gobierno social-comunista: si el técnico responsable de la seguridad en Almansa dice que hacen falta tantos o cuantos servicios para cubrir con garantías la vía pública durante las Fiestas, y el político autoriza menos de la mitad, alguien está tomando una decisión que va más allá de la gestión ordinaria, y yo tengo más que claro quien es, ¿y usted que lee estas líneas? Está asumiendo un riesgo que no le corresponde asumir a él, sino que recae sobre cada almanseño que sale a la calle a disfrutar de sus fiestas patronales, declaradas de Interés Turístico Internacional.

No hace mucho el grupo Municipal del Partido Popular calificó de «temeraria» la gestión del equipo de Gobierno en materia de seguridad ciudadana, advirtiendo de que la ciudad está viviendo momentos de inseguridad como consecuencia de la grave falta de previsión y diálogo con los funcionarios de la Policía Local. Se podrá discrepar del partido que formula la denuncia —es legítimo—, pero el fondo del argumento es jurídicamente sólido e institucionalmente serio.

La pregunta que el primer gobierno municipal de socialistas y comunistas que ejerce el poder local tras la instauración de la democracia, no ha respondido es sencilla: ¿en qué criterio técnico, jurídico o presupuestario se basa la decisión de autorizar menos de la mitad de los servicios que la Jefatura considera mínimos? Porque si existe ese criterio alternativo, debería de hacerse público. Si no existe, estamos ante algo más grave que una mala decisión: estamos ante una decisión arbitraria que afecta directamente a la seguridad ciudadana.

Conviene recordar lo que parece haberse olvidado en la planta noble de Casa Grande: un vigilante de seguridad privada no tiene potestad de autoridad pública. No puede identificar personas, no puede inmovilizar a un infractor, no puede levantar atestados, no puede actuar en situaciones de orden público con las mismas garantías legales que un agente uniformado. Puede disuadir, puede avisar, puede gestionar accesos controlados. Pero no puede sustituir a la Policía Local en sus funciones esenciales sobre la vía pública.

La Policía Local existe precisamente como herramienta fundamental para garantizar el libre ejercicio de las libertades y derechos fundamentales de las personas, la seguridad ciudadana y la armónica convivencia entre todos los ciudadanos. Esa función tiene un soporte normativo, una cadena de mando y una responsabilidad institucional que no pueden transferirse a una empresa privada mediante un contrato de servicios.

Según denuncia la oposición, esta situación se ha repetido en importantes eventos de la ciudad, con un gasto que supera ya ampliamente los 21.000 euros en seguridad privada, costeado con el dinero de los vecinos, en lo que consideran una externalización de competencias exclusivas del Ayuntamiento que compromete la seguridad ciudadana. El dinero gastado en parches habría bastado, en buena parte, para financiar los servicios extraordinarios que la Jefatura reclamaba.

El origen de este problema es un conflicto mal gestionado desde el inicio del actual mandato. Alguien en el equipo de Gobierno decidió que tras la jubilación de Federico Gómez había que atar en corto a la policía. De ahí se deriva que la tensión entre la plantilla de la Policía Local y el Ayuntamiento lleva tres años enquistada, sin que las negociaciones hayan llegado a buen puerto. El conflicto tiene numerosas aristas en las que ambas partes pueden esgrimir argumentos. Pero lo que no admite discusión es la secuencia de consecuencias: el gobierno municipal, con su visible torpeza, no ha resuelto el conflicto, y ante esa incapacidad, ha decidido que quien debe de pagar precio por su incapacidad y borriquera sea la ciudadanía, con una seguridad recortada a la mitad de lo que los propios expertos consideran suficiente.

Hay que subrayar que no ha sido el equipo de Gobierno, sino el esfuerzo, la responsabilidad y la profesionalidad de los propios agentes de Policía Local, lo que ha permitido que actos multitudinarios como las Fiestas Mayores, la Romería o la Conmemoración del Aniversario de la Batalla de Almansa en anteriores ediciones se hayan celebrado con absoluta normalidad y sin incidentes, añadiendo que sin el compromiso y la vocación de servicio de esos agentes, estaríamos hablando de un escenario muy distinto.

Dicho de otro modo: si hasta ahora no ha pasado nada grave, no ha sido gracias a la gestión del equipo de Gobierno social-comunista. Ha sido a pesar de ella.

En derecho administrativo existe el principio de precaución: cuando existe incertidumbre sobre las consecuencias de una decisión que afecta a la seguridad o la salud pública, el gobernante debe actuar con cautela y priorizar la protección. Una Jefatura de Policía que advierte por escrito de que los servicios autorizados no alcanzan los mínimos necesarios está, precisamente, activando ese principio. El gobierno municipal, al ignorarlo, asume una responsabilidad que va más allá de lo político. Pero da la impresión que ni conoce ni padece.

Si durante estas próximas Fiestas Mayores ocurriera algún incidente grave en una zona que debería haber estado cubierta por agentes de la Policía Local y no lo estaba —o estaba cubierta por vigilantes privados sin competencia legal para actuar— las preguntas sobre responsabilidades institucionales no van a ser nada cómodas de responder. A lo mejor…, alguien tendría que marcharse precipitadamente a su casa. Los informes de la Jefatura estarán ahí. Las actas de las decisiones también.

Sirva esta exposición de motivos para exigir a Pilar Callado y a sus concejales que cesen en su actitud, que rectifiquen, se sienten a negociar con la plantilla policial y dejen de jugar al gato y al ratón con la seguridad de Almansa, antes de que haya que lamentar una desgracia.

Es una advertencia que, guste o no quien la formula, merece ser escuchada. Porque en materia de seguridad ciudadana, cuando el técnico advierte y el político no escucha, la historia acaba casi siempre con alguien teniendo que rendir cuentas. Y eso, en Almansa, aún está a tiempo de evitarse.

Arrieros somos….

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CSIF ADVIERTE QUE EL RECORTE DEL DISPOSITIVO POLICIAL DEL AYUNTAMIENTO DE ALMANSA PONE EN RIESGO LA SEGURIDADDE LAS FIESTAS MAYORES

CSIF advierte que el recorte del dispositivo policial del Ayuntamiento de Almansa pone en riesgo la seguridad de las Fiestas Mayores

-El sindicato denuncia que el Consistorio ha autorizado menos del 50% de los servicios extraordinarios recomendados por la Jefatura de Policía, ignorando los criterios técnicos de seguridad.

CSIF. abril de 2026

La Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) advierte que la reducción del dispositivo policial planteada por el Ayuntamiento de Almansa de cara a las Fiestas Mayores, que se celebrarán del 30 de abril al 6 de mayo, compromete la seguridad de un evento multitudinario que cada año reúne a miles de personas en la localidad albaceteña y pide al equipo de Gobierno que reconsidere su postura.

CSIF lamenta que el Consistorio almanseño desoiga incluso los criterios técnicos establecidos por la Jefatura de la Policía Local, que establecía los servicios extraordinarios necesarios para garantizar unas condiciones mínimas de seguridad durante los eventos festivos, teniendo en cuenta además que la plantilla actual es inferior a la del pasado año.

Sin embargo, desde la Concejalía de Seguridad se ha decidido autorizar menos del 50% de estos servicios, una medida que el sindicato considera claramente insuficiente ante una planificación que reduce la capacidad de prevención, control y respuesta ante incidencias en unas Fiestas Mayores de gran afluencia, afectando directamente a la seguridad ciudadana.

La propia plantilla, pese a su plena disposición, ha trasladado a CSIF su intención de no realizar servicios extraordinarios mientras no se garantice un dispositivo seguro y eficaz, respetando el criterio técnico del Inspector Jefe como responsable operativo de la seguridad en Almansa. No se trata de una negativa a colaborar, sino de una decisión responsable en defensa de la seguridad de los agentes y de la ciudadanía, e instan al equipo de gobierno a reconsiderar la planificación atendiendo al criterio técnico policial.

Es más, la Central Sindical y la propia plantilla policial no entiende por qué se ignora la valoración del responsable técnico del dispositivo, que es quien determina las necesidades reales del dispositivo de seguridad.

Asimismo, CSIF denuncia que la intención del Ayuntamiento es llevar a cabo la cobertura de la vía pública durante las fiestas con seguridad privada en lugar de reforzar la Policía Local, una decisión que debilita este servicio público fundamental y reduce su papel en la protección de la ciudadanía.

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