Hay vida tras un rescate, pero menos y mucho más cara

  • Es una mera hipótesis, pero no viene mal conocer sus consecuencias
  • Nadie sensato, ni dentro ni fuera del pais, se lo plantea a corto plazo

Por Vicente LOZANO. Copyright.2012

Llevamos una semana con los niveles de rentabilidad de la deuda que provocaron los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal. Siempre se ha dicho que España es ‘too big to fail’ -demasiado grande para caer-, pero en estos momentos todo son dudas en los mercados. La intervención de nuestro país no está en el ambiente por ahora, pero no se puede descartar cualquier posibilidad. ¿Qué pasaría si se produce?

El rescate o la intervención de un país empieza cuando éste no puede hacer frente a los compromisos de pago asumidos con sus acreedores y tiene que pedir ayuda para que alguien le preste el dinero que no tiene. Como es lógico, el organismo que inyecta los recursos impone sus condiciones para asegurarse de que ese país da el uso adecuado a la ayuda financiera.

Esas condiciones sólo se deciden cuando se ha solicitado la ayuda y antes de concederla, por lo que no sabemos exactamente qué pedirían la UE, el BCE y el FMI a España en el caso de que nos encontráramos en esa situación. Pero a la vista de lo último que han ido recetando al Gobierno español podemos esperarnos algo como lo que sigue.

El panorama que viene a continuación puede parecernos desolador, por eso, antes de seguir leyendo hay que tener presente que esto es una hipótesis. Que el Gobierno está haciendo los deberes y es apoyado por la Comisión Europea, el BCE y el FMI. Y estos organismos son los primeros interesados en que España no quiebre.

Los campos de batalla se centrarán en lo que nos llevan exigiendo desde mayo de 2010: reformas estructurales, control de las cuentas públicas y reestructuración del sector financiero. Podemos pensar que ya estamos sufriendo los recortes con el Gobierno, pero no debemos engañarnos. No es lo mismo que el adolescente travieso sea corregido por sus padres que por el director de lo que antes se llamaba reformatorio. Y las exigencias concretas podrían ser de este tenor:

1. Control de las cuentas públicas.

 

    • Subida de impuestos: el IVA, de inmediato. En Grecia, por ejemplo, está en el 23% y nosotros lo tenemos en el 18%. También podrían aumentar los impuestos especiales -tabaco, gasolinas-. Lógicamente, se producirían subidas en tasas y tributos autonómicos y municipales.
    • Se eliminaría la deducción por vivienda habitual. En un principio no nos obligarían a tocar más la tributación directa -Impuesto sobre la Renta, Patrimonio…- aunque el Gobierno o las CCAA podrían hacer uso de ellos para aumentar sus ingresos.
    • Examen riguroso del gasto de las comunidades y los ayuntamientos. Las condiciones del rescate llegarían lo más lejos que permita la ley en el vaciamiento de competencias a las comunidades autónomas con el fin de crear un Estado más racional.
    • Rebaja de las prestaciones por desempleo: España es de los países de la OCDE que más paga y por más tiempo el subsidio por desempleo, que supone unos 35.000 millones de euros al año.
    • Reducción de funcionarios y personal laboral de la Administración, para eliminar gastos. Apenas se ha iniciado en España. Control exhaustivo de los salarios públicos.

 

 

2. Reestructuración financiera.

Como en Irlanda, el rescate español, si se produce, tendrá que estar íntimamente ligado a la reforma del sector financiero. Esto supondría la inyección de todos los recursos que necesitaran los bancos españoles. Algo parecido a lo que se quiere hacer con Bankia, pero para toda entidad que lo necesite. Otra cuestión es cómo se devolverá el dinero que llegue, pero eso será a medio y largo plazo. Ahora hay que pensar a corto.

Estas ayudas a las entidades financieras son la solución que está estudiando España con los organismos europeos para evitar precisamente que el imprescindible rescate de la banca lleve a una intervención en el país.

3. Reformas estructurales.

El Gobierno ya ha iniciado las más importantes, pero los ‘rescatadores’ exigirían profundizar en ellas y acelerarlas. Sobre todo en dos campos:

 

    • Mercado laboral: para eliminar la dualidad entre contratos temporales e indefinidos. Reducir más el coste del despido para los trabajadores fijos. Eliminar las rigideces que todavía quedan en la negociación colectiva.
    • Sistema de pensiones. Se exigiría adelantar considerablemente el proceso de retraso de la edad de jubilación y reducir el periodo de cómputo para cobrar la pensión.

 

 

¿Las consecuencias? Escribíamos ‘menos vida’ en el titular no porque ésta se vaya a acortar -eso lo trata la medicina, no la economía- sino porque perderemos algunos alicientes para disfrutarla, al menos durante unos años. En definitiva, los ciudadanos perderíamos capacidad adquisitiva y prestaciones sociales. Caería el consumo y se incrementaría el paro porque las empresas producirían menos. Los nuevos puestos de trabajo estarían peor remunerados. Y tardaríamos muchos trimestres en salir de la recesión.

¿Y todos estos sacrificios, para qué? Para volver a crecer en cuanto se pueda. Estos recortes y esta disminución del nivel de vida no es más que un ingente proceso de devaluación de un país que no puede hacerlo mediante la pérdida de valor de su moneda. Se trata de colocarnos en el nivel preciso para volver a ser competitivos en nuestro entorno. En una imagen que todo el mundo entiende, es la vomitona que sucede al banquete pantagruélico, tras la cual nos sentimos un poco mejor para continuar la tarea.

Repetimos que éste es un ejercicio ‘virtual’ que ningún organismo, nacional internacional, se plantea que se haga realidad en España. El Gobierno busca con la UE, el BCE y el FMI otras soluciones que es muy posible que lleguen en breve. Como decía el ministro de Economía el jueves: «El euro se la juega en Italia y en España en estas semanas» y la moneda única es muy grande para dejarla caer.

Pero pensar en lo que nos puede pasar viene bien para que todos pongamos de nuestra parte y portarnos lo mejor posible.

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