EMBAJADA MORA Y PLAN DIRECTOR

Ha transcurrido un mes largo desde la desventurada madrugada del día tres de mayo del 2011 de Nuestro Señor en la que
tuvo lugar la Embajada Mora organizada por el nuevo equipo de la Agrupación de Comparsas encabezado por el actual presidente Cristian Ibañez. Antes de entrar en detalles, tengo que decir y reconocer, que cuando tuve noticia que Ibáñez sería el nuevo presidente de la Agrupación, tuve el pálpito que habría polémica en ese colectivo festero, y que la habría, pensaba yo, por el decidido carácter y la forma particular de ver las cosas que posee Cristian.

Luis BONETE PIQUERAS. Periodista
Copyright-2011

No me he equivocado, en serio que me hubiera gustado. Las Fiestas de 2010, fueron fiestas, las de toda la vida, hasta que se desarrolló la Embajada Mora el día dos de mayo; a partir de entonces, incluso hasta el mismo instante de estar formando la procesión de la Virgen en el atrio de Santa María, en sedes festeras, locales, bares, calles, hogares, carpa municipal…, etc, el tema recurrente era lo que había sucedido en la Embajada Mora. Cuando el río suena, agua lleva -dice el refrán-.

A estas alturas, y como digo, a un mes largo de los hechos, y con la perspectiva que da el ver las cosas frías y aderezadas con las últimas decisiones adoptadas, me reafirmo en mi opinión de la madrugada del día tres de mayo a pié de obra: esa Embajada Mora, la que allí se puso en escena, no era la que se vendía en FITUR, ni mucho menos la que facilitó el espaldarazo definitivo para que se nos proporcionara el galardón de Fiestas de Interés Turístico Nacional. Que no, que no era esa. Ni en sueños era.

El equipo de organización de la Embajada bajo la responsabilidad de Cristian Ibañez, primero; y el concejal de Fiestas después, fueron los auténticos responsables de todo lo que allí ocurrió y que no fue otra cosa, aún a juicio de ser duro, más que un cúmulo de despropósitos, meteduras de pata y un claro ejemplo de lo que nunca debe volver a ocurrir, siempre que no deseemos regresar a la vulgaridad del conjunto de embajadas que pululan por el mundo UNDEF.

Pero, yo me pregunto. ¿Tenía derecho o no lo tenía Cristian Ibañez a alterar a su manera el desarrollo de la Embajada Mora?. Y cuando digo alterar me refiero claramente a prescindir de los auténticos protagonistas de una alucinante noche de acción, cito a LEGEND. Unos auténticos especialistas que año tras año habían logrado elevar el nivel de tensión de la sangre a los espectadores poniendoles al borde del colapso y transportandolos a un mundo medieval tan auténtico como las delicias de mi querido amigo Alfredo. Unos dirán que sí; yo me alineo con los que opinan que no. Y pienso así porque el atrevimiento juvenil de un presidente de comparsas inmaduro para el cargo (nunca pondré en tela de juicio su experiencia festera, que la tiene y mucha) se pone de manifiesto a la hora de no entender que la Embajada Mora es la joya de la corona de las Fiestas Patronales de Almansa, y que como tal joya, sólamente se la puede tocar para darle brillo, pulirla, hacerla más bella, engarzarla de una forma más espectacular…, jamás para empobrecerla, hacerla ordinaria y de paso, joder al personal y retroceder en una sola noche, arrojara al water inmisericorde más de diez años de duro y constante trabajo.

No me valen las tristes y manidas excusas esgrimidas por Cristian Ibañez respecto a que «no me iba a gastar el dinero que no me habían dado». La Embajada Mora es lo que es, y si Cristian Ibáñez le «metió mano» y de forma impune (como se ve en estos días), es porque hubo un concejal de Fiestas, Juan Carlos Martínez (lo siento amigo, pero es así y tu lo sabes bien) que miró para otro lado, que como Pilato, se lavó las manos y le permitió, a Ibañez y su equipo, llevar a efecto ¿unos cambios?, ¿unas decisiones?, que a todas luces se antojaban que tocaban a fracaso total y absoluto, como más tarde se puedo comprobar.

En Almansa no hacemos caca cuadrada. No orinamos colonia. No dormimos de perfil. Somos ciudadanos normales como en todos los demás lugares. Por ello, si alguien no está preparado para hacer una cosa…, pues no lo está.

Si alguien espera que diga ahora que los chicos y chicas almanseños que participaron en la guerra ficticia en la plaza y el Castillo fueron un bluff, ahora le llega el momento de ver colmada su curiosidad: a mi juicio lo fueron. Ojo, no por falta de buena voluntad, no por interés, no por falta de entrega, tampoco por ilusión (la pusieron a raudales, y lo sé porque estuve bien cerca de ellos), fueron un bluff, un fracaso escénico, sencillamente porque con aplicar voluntad, ilusión y trabajo no se puede alcanzar el nivel al que nos tiene acostumbrados LEGEND, eso sí, llegan a ser muy buenos figurantes como otras veces lo han demostrado, pero no pasan de ahí, que no es poco. A partir de ahí, se puede comenzar a entender la reacción de la mayoría del público que no daba crédito a lo que se le ofrecía.

LEGEND es, a mi juicio, imprescindible en el organigrama de la Embajada Mora. La Embajada Mora ha crecido con ellos y ellos, LEGEND, se han entregado a ella sin medida, sin fisuras, dándolo todo, entregándose como no lo hacen en muchos lugares. El cuento chino de que cobran tanto y cuanto es eso, un cuento chino. ¿Que profesional no cobra?.

No hubo verdad en lo que se nos ofreció esa noche, y que no la hubo se puede deducir, entre otros cosas, de las carcajadas y sonrisas del público durante el desarrollo de la embajada y que llenaba, como siempre, la plaza de Santa María. El público le perdió el respeto, desde el primer instante al acto, en general. Se charlaba, se reía, se cuchicheba, se hacía mofa y chanza señalando a este o aquél…, qué triste; eso no había ocurrido nunca. No hubo verdad esa noche, digo no la hubo excepto en la declamación de los textos de la Embajada. No voy a entrar en si los embajadores lo hicieron bien o mal, el arte es muy facil de enjuiciar porque cada uno tiene un gusto; ahora bien, sí digo, y mantengo que Mario Cuenca y Francisco Sotos pusieron la carne en el asador, su carne, la de ellos, y representaron a los personajes que ellos creyeron ver en los textos de la embajada.

Para gustos los colores. No soy crítico teatral y no estoy listo para decir si vimos a unos grandes o por el contrario ordinarios actores. Yo lo que ví, oí y fotografié fue a dos personajes embebidos, concentrados, a veces hasta extasiados, y tratando de dramatizar y dar el cien por cien de sus posibilidades. Resultado: los embajadores cesados, humillados ante toda una ciudad, lanzados de forma inmisericorde al foso de los reptiles y un presidente, Cristian Ibañez, incapaz de hacer frente a su gran responsabilidad y marcharse por donde ha venido. El fue el responsable de TODO como presidente, y luego no ha sido TODO la forma de hacer frente a esa responsabilidad.

Es muy fácil mentir, señor Ibañez, ir a televisión o a la radio y asegurar que tal o cual miente, que no es verdad esto y aquello. Pero las mentiras tienen las patas muy cortas y ha quedado demostrado que hubo reunión el día 16 de mayo y que en esa reunión se votó, y que por siete a tres se cesó «in péctore» esa noche a los embajadores. Es muy fácil cesar señor Ibañez. Es tremendamente sencillo darle una patada en el culo a dos personas que usted mismo avaló en su día y a continuación seguir como si no hubiese pasado nada. Todavía estamos esperando que el presidente de la Agrupación de Comparsas de Moros y Cristianos de Almansa dé la cara y explique, en roman paladino, las razones esas, por las que se ha procedido a cesar a Mario Cuenca y Francisco Sotos.

Ha habido embajadores que han declamado en las escaleras del Castillo en pésimas condiciones físicas. Ha habido quien
olvidó los textos, hubo quien se tuvo que servir de apuntadores, también se tergiversó, olvidó e improvisó…, y nunca por esas razones de enorme pesonadie fue cesado. Es una infamia, un despropósito sin sentido la forma en la que se ha tratado a Mario Cuenca y Francisco Sotos, estamos, digo, ante un auténtico escándalo y abominación . En el pecado se lleva la penitencia -dicen- así pues veremos sentados en la puerta de nuestra tienda, como este acto de deslealtad suprema hacia dos almanseños pasa la justa factura, cómo, dónde y a quién.

30 años o más llevamos en Almansa de Fiesta y ha tenido que ser usted, señor Ibáñez, quien por vez primera siente el precedente de cesar a dos embajadores. ¿Porqué los ha cesado?. Dígalo, pero diga la verdad, le estamos esperando. Es falso que esté usted entristecido por lo ocurrido. No me lo creo. Si fuera verdad, usted habría dejado el cargo a la vez que los embajadores, y lo habría hecho por dignidad. Pero no, ellos cesados y usted sigue al frente de una colectivo de más de 2.500 festeros exclusivamente por afán de protagonismo y, sobre todo, porque es incapaz de asumir que se ha equivocado. Totalmente incapaz. No vea en estas palabras animadversión personal, no la hay; si hay en justa medida, una crítica feroz a su gestión como presidente de la Agrupación de Comparsas, gestión que no comparto en absoluto, y como yo muchos. Y usted lo sabe, vaya si lo sabe, lo que ocurre es que mira hacia otro lado.

¿Quién va a querer ahora ser Embajador?. ¿Han pensado en eso?. ¿Quien va a asumir el marrón de ser enjuiciado por el tribunal de las aguas inmisericorde?. Desde luego, la persona que acepte ser embajador en 2012 que se ate los machos porque lo van a pasar por el chino.

Finalizo expresando mi punto de vista sobre esta cuestión en dos direcciones:

1) Estoy plenamente convencido que la Embajada Mora ha traspuesto los límites de cualquier acto del programa festero
para pasar a convertirse en el acto cumbre de nuestras fiestas mayores. Por ello creo que debería de ser, al menos, tutelado por parte del Concejal de Fiestas y que éste se involucrara (no sólamente aportando fondos, eso es fácil) sino de forma decidida y con energía para que nadie pueda adulterar a su capricho un acto que debe de ser puro espectáculo y sobre el cual debe de gravitar todo el esfuerzo económico del que sea capaz.

2) Soy partidario de elaborar, por parte de quienes correspondan, un PLAN DIRECTOR que sirva para proteger a la Embajada Mora de los caprichos y veleidades del presidente y la junta de turno, tal cual se hizo con el Castillo y que ha dado unos resultados magníficos ¿a que si?. Pues con la Embajada Mora se debería de hacer lo mismo, crear una serie de pautas de actuación, diseñar una serie de líneas que nadie podría atravesar, y dejar fijo un nivel que nunca se podría bajar. En definitiva,
mojarse, poner atención, cuidar de nuestro mayor espectáculo y no mirar a otro lado y tranquilizar la conciencia con un mero aporte dinerario, que no podemos olvidar, sale de los bolsillos de todos los almanseños.

ES GRACIA QUE ESPERO ALCANZAR DE UD. CUYA VIDA GUARDE DIOS MUCHOS AÑOS

 

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