EL EUNUCO: FIESTA TEATRAL CLÁSICA- CONTEMPORANEA DE ARTE ESCÉNICO

Por Luis BONETE

Periodista. Copyright-2025

«…, no podía ni imaginar Publius Terentius Afer (Terencio) dramaturgo romano que vivió entre el 195 y el 159 a.C., y cuya obra se desarrolló en un periodo donde la literatura y el teatro estaban en auge en Roma, influenciados por la cultura griega, que un viernes día 29 de agosto del año 2025, transcurridos 2186 años después de escribir su obra El Eunuco, un par de jóvenes devotos del teatro, llamados José Denia y Sergio Area, apoyados de una adaptación de Sánchez-Gómez (estrenada en Mérida, año 2014), desternillarían de risa, y pondrían patas arriba un teatro Regio de la ciudad de Almansa plagado de espectadores que, terminada la función, buen número de ellos se quejaban de dolores mandibulares debido al regocijo, carcajadas y jolgorio que emanó del buen oficio desempeñado por los integrantes de la compañía Arte Escénico quienes, a base de experiencia y oficio,  se mueven como peces en el agua en el histórico escenario del teatro Regio almanseño…»

Por Luis BONETE Periodista. Copyright-2025

No podía ni imaginar Publius Terentius Afer (Terencio) dramaturgo romano que vivió entre el 195 y el 159 a.C., y cuya obra se desarrolló en un periodo donde la literatura y el teatro estaban en auge en Roma, influenciados por la cultura griega, que un viernes día 29 de agosto del año 2025, transcurridos 2186 años después de escribir su obra El Eunuco, un par de jóvenes devotos del teatro, llamados José Denia y Sergio Area, apoyados de una adaptación de Sánchez-Gómez (estrenada en Mérida, año 2014), desternillarían de risa, y pondrían patas arriba un teatro Regio de la ciudad de Almansa plagado de espectadores que, terminada la función, buen número de ellos se quejaban de dolores mandibulares debido al regocijo, carcajadas y jolgorio que emanó del buen oficio desempeñado por los integrantes de la compañía Arte Escénico quienes, a base de experiencia y oficio,  se mueven como peces en el agua en el histórico escenario del teatro Regio almanseño.

No voy a enrollarme demasiado porque me apetece bajar un ratico a la Feria, y ello a pesar de que este año, lamentablemente, los churros son una auténtica calamidad carentes de sabor y socios del club de la harina frita.

Entré al Regio expectante, y animado de mis mejores deseos de disfrutar de un buen rato de teatro. Mis esperanzas se vieron más que colmadas cuando…, sapristi !!!, se abre una de las puertas del minimalista decorado y aparece una especie de individuo humano que pretendía ser un general decimonónico, y ello a pesar que la graduación que lucía en el uniforme era de coronel, y el fajín en vez de llevarlo en la cintura, el personaje lo lucía en bandolera cual tercerola de caballería, pero todos esos detalles, sin demasiada importancia, aún lo hacían más absurdo, más inconexo y prometedor, y Vive Dios!!!, que así ocurrió.

El Eunuco de Terencio, de la mano de Arte Escénico, que contó con una pléyade de jóvenes intérpretes que, a pesar de cantar la mayor de las veces, también demostraron que saben sudar teatro y la camiseta como el que más, fue una auténtica fiesta teatral: libre, directa, contemporánea y expansiva. Sí, es cierto, desde mi punto de vista hubo altibajos notables de tensión interpretativa, pero, en conjunto, ello no fue impedimento para que sorprendieran y conectaran con el público, conmigo el primero de todos.

El montaje fue arrollador; éxito a recordar, y que lamentará quien perdió la oportunidad de partirse la caja con una de las buenas obras de teatro clásicas de lío romano. El decorado estuvo habilitado para que los propios actores giraran y reconfiguraran sus posiciones escénicas y pudieran crear diferentes espacios de manera perspicaz

¿Y qué decimos del vestuario? Descolló por su estilo acomodaticio: Denia y Area apostaron una amalgama irreverente de reseñas estéticas, desde vaqueros y camisas, pasando por y trajes militares, chapiris legionarios, hasta atuendos picantes, medias de rejilla, túnicas de no se sabe cuándo, adornos egipcios y coleta sujeta con goma de tacos de billetes de banco. Vamos…, un batiburrillo chocante que, lejos de espantar, llamó poderosamente la atención y logró una confusión del espectador (creo que buscada) con la época que se representaba, solo salvada porque de vez en cuando se aludía a la moneda llamada dracma en vez de al euro. En definitiva; teatro clásico a las puertas de cualquier bar de la Corredera.

En cuanto al libreto, certificar que no se habló en latín, faltaría más.  Los diálogos estuvieron preñados del mejor humor del Club de la Comedia, directo, contundente, a veces ese que te hace reír a mandíbula batiente. Diálogos con chispa y guiños contemporáneos que rompieron con decisión tabúes y humanizaron la comedia para el público de hoy, siglo XXI.

El Eunuco que vimos ayer en el Regio, afrontó con absoluto desparpajo temas clásicos —amor, celos, poder, sexo— con humor desenfadado y sin filtros, fomentando una experiencia compartida entre escenario y patio de butacas. Los afortunados espectadores asistimos ayer a una fusión vibrante de teatro clásico contemporáneo, con enfoque irreverente, festivo y responsable del legado de Terencio. La comicidad ágil, el elenco carismático y la estética ecléctica la convirtieron en las dos horas de teatro que más he disfrutado en mucho tiempo.

Enhorabuena Arte Escénico…, y que no sea la última.

Punto y Final

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